viernes, 4 de septiembre de 2015

Agravio en la financiación



Gonzalo Gayo
La Comunitat Valenciana ha sufrido en los últimos 12 años una merma de 12.433 millones de euros en su financiación. Tras bucear en informes, ratios comparativos y en las cuentas de la Generalitat, el conceller de Economía urge al Gobierno central a enmendar este agravio histórico ya que sitúa a esta comunidad al borde de la quiebra técnica por infrafinanciación sobrevenida y acumulada.
Ello se traduce en que cada valenciano de a pie ha recibido 210 euros menos al año en servicios respecto a la media de españoles en los últimos doce años. En la hipótesis de que los valencianos hubieran recibido la misma financiación por habitante que la mejor tratada entre el resto de comunidades resultaría que tendríamos más de 44.000 millones de euros adicionales en la cuentas de la Comunidad Valenciana. Finalmente se ha optado por reclamar por vía de urgencia la financiación que correspondería por renta y habitantes entorno a la media nacional quedando en 12,5 millones, sin los correspondientes intereses.
Si al déficit de financiación le sumamos la falta de control habido en el gasto, el derroche y la corrupción mucho me temo que nos enfrentamos a una situación grave, silenciada durante demasiado tiempo, y que requiere de soluciones urgentes. La deuda pública valenciana se sitúa en 37.615 millones y supone el 37,50% del
PIB en Comunidad Valenciana o más de dos veces el presupuesto anual de la Generalitat.
La cuestión no es menor habida cuenta de que está en juego los pilares del estado de bienestar con una sanidad y educación que han sufrido recortes en los últimos años mientras la enorme deuda acumulada hipoteca cualquier actuación de futuro incluida la profunda modernización que reclama el campo valenciano.
El conseller de Hacienda y Modelo Económico, Vicent Soler, urge al Gobierno resuelva el problema de financiación de las comunidades autónomas y sobre todo de algunas con las que es especialmente discriminatorio, como es el caso valenciano ya que es "un escándalo democrático que se mantenga el actual sistema de financiación de las comunidades autónomas por más tiempo".
La batalla por una financiación justa tardará en resolverse por lo que se debería pactar una quita de la deuda que soporta la Generalitat a fin de poner a cero las cuentas con el Estado para así afrontar una nueva financiación consensuada sin el peso de esa deuda histórica.
La segunda batalla se debería estar dando en Bruselas para reconsiderar a la Comunidad Valenciana como región Objetivo 1 de la UE, condición que abandonamos hace apenas unos años y que puso la puntilla a las cuentas de una Generalitat al aminorar la financiación de proyectos europeos mientras se apostaba por el modelo de Mónaco, entre Copa América y Formula 1.
Sin embargo, las cifras nos devuelven a una realidad que determina la perdida de convergencia con la UE e incluso nos sitúa en niveles de renta inferiores a la media española mientras Bruselas constata que se mintió hasta en las cuentas públicas que remitía la propia Generalitat con un déficit que trataron de centrifugar entre entes y cajones.
Lo peor que puede pasar en esta situación de preemergencia financiera es que los responsables en dar soluciones se dediquen a mirar a otra parte. Solución que debe alcanzarse no solo en Madrid, también en Bruselas, con prisas y sin pausa, dejando al margen la confrontación para dar paso al necesario entendimiento entre distintas administraciones de distintos colores políticos.
Cierto es que no han pasado 100 días desde que el nuevo ejecutivo valenciano tomara posesión y que la financiación costará tiempo y esfuerzo. Es por ello que en la hoja de ruta se debería avanzar en la principal demanda de la ciudadanía en un gran pacto social que dé respuesta al desempleo que sufre uno de cada cinco valencianos en edad de trabajar.
Para ello es preciso diseñar una política económica concertada que sirva de garantía de futuro frente a venideras crisis cíclicas, que haberlas las habrá. Un gran pacto al que deberán ser convocados los agentes sociales y empresariales, pero también a nuestros agricultores, a la pujante economía social así como universidades y centros logísticos con el objetivo poner en la misma dirección todos los esfuerzos para que de esta crisis nadie quede en la cuneta.
La Comunitat Valenciana debe salir del círculo vicioso en el que se encuentra para convertirse en tierra de las oportunidades que le confiere su carácter emprendedor, su privilegiada situación geoestratégica en el mundo y la alta cualificación de sus trabajadores y jóvenes. Es posible si se pone empeño en conseguirlo con una financiación justa y adecuada.

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