domingo, 8 de marzo de 2015

Cada 8 de Marzo



Cada 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer Trabajadora mientras el resto de 364 seguimos viendo las secuelas de una sociedad injusta con el esfuerzo, el sacrificio y la valía de las mujeres. Al mismo trabajo se les paga con un 20% menos de salario, además de asumir las cargas familiares mientras esperan la benevolencia de quienes deciden compartir la educación de los hijos y las tareas domesticas.
Cada 8 de marzo volvemos a recordar lo poco que avanzamos en el camino de una igualdad real, necesaria y urgente hacia quienes nos dieron la vida. Así llevamos años, décadas y siglos para no acabar de entender tanta involución del ser humano.
Cada 8 de marzo las mujeres del campo celebran su invisibilidad y sus silencios. Casi cinco millones de mujeres viven en este ámbito, lo que representa el 15% de la población española.
A las labores agrarias, añaden casi en exclusiva las faenas domésticas, el cuidado de la casa, de los hijos y de los mayores, sin reconocimientos, sin derechos mientras es el varón el que representa a la explotación públicamente.
Pero lo pagaremos caro si no solo capaces de favorecer el liderazgo de las mujeres en el mundo rural. El éxodo rural de las mujeres condena al envejecimiento y a la falta de relevo. El mundo rural acoge el 24% de la población que vive en algo más del 80% del territorio, dedicándose fundamentalmente a la actividad agraria y con un nivel de rentas que apenas alcanza el 50% de la media europea, según un estudio del sector.
Quienes deberían impulsar los instrumentos para una igualdad real de las mujeres en el campo son los primeros en aferrarse a los principios de la Edad Media. No llega al 10% de los puestos en organizaciones agrarias y consejo de administración de grandes empresas agroalimentarias ocupados por mujeres.
Es urgente que las
organizaciones agrarias se doten de la valía de las mujeres en  puestos de responsabilidad, hoy mayoritariamente ocupados por varones aferrados a la idea de que la cesión de parcelas de poder a la mujer sólo como una pérdida irremediable de su dominio absoluto y exclusivo.
Menos del 9% de las explotaciones son dirigidas por mujeres y son de dimensiones bastante más pequeñas que las dirigidas por hombres. El 82% de ellas ayudan en las explotaciones agrarias, pero el 59% no paga ninguna cotización social por el desempeño de una actividad económica. Esto hace que su aportación sea considerada “invisible” y sufre la ausencia de derechos y reconocimiento.
A este hecho, hay que añadir el progresivo envejecimiento de la población rural, como

consecuencia del éxodo de mujeres y jóvenes, de tal forma que el 60% de los titulares de las explotaciones agrarias tienen más de 55 años y solamente el 6% tiene menos de 35 años.
Lo pagaremos caro si seguimos celebrando cada 8 de Marzo sin que nada cambie en el campo. Un 32% de las mujeres de las pocas mujeres que son titulares de explotaciones son mayores de 65 años, un 7.4% menores de 35 y sólo un 1.3% menores de 25 años. Una de cada cuatro personas que se dedican a la actividad agrícola ha superado la edad de jubilación.
Actualmente, menos del 9% de las explotaciones son dirigidas por mujeres y éstas son más pequeñas que las dirigidas por los hombres, así se registran 45 mujeres por cada 100 hombres propietarios de una explotación de menos de una hectárea, proporción que se reduce en las explotaciones con más de 50 ha, donde apenas representan el 3% del total.
Las pocas mujeres que dirigen explotaciones lo hacen en ínfimas condiciones, con una dimensión económica notablemente inferior a las gestionadas por los hombres, y en las que es casi imposible obtener un nivel de renta suficiente para subsistir.
En el VII Congreso de las Cooperativas Agro-alimentarias celebrado en Valencia se apunto un rayo a la esperanza desde el emprendimiento y el tesón de las mujeres, sin la sombra del hombre. El 54% de las microempresas que se están creando en el campo están lideradas por mujeres y el 60% tienen una licenciatura.
Las emprendedoras rurales han entendido que la diversidad es fuente de riqueza. La transformación artesanal de productos agroalimentarios, actividades económicas relacionadas con el valor añadido de los productos agrarios, fundamentalmente en la transformación y comercialización de los mismos. Lideran proyectos que hablan de agricultura ecológica, de pequeñas industrias agroalimentarias o derivadas del ocio que compaginan con gastronomía propia del lugar ofreciendo un nuevo horizonte que hay que apoyar desde todos los ámbitos, administraciones, organizaciones agrarias y ayudas europeas.
Nuestros vecinos europeos han puesto en marcha el reconocimiento jurídico del Estatuto del cónyuge colaborador, establecido en Francia, Austria, Finlandia o Suecia e incluso el “Estatuto del Agricultor/a y Ganadero/a” , que recoja los derechos y las obligaciones de los profesionales de la agricultura y la ganadería, así como que regule y conceda de una vez por todas el necesario status legal a mujeres que hasta ahora sólo figuran como ayuda familiar, haciendo dimanar para ellas la precisa protección social y el justo reconocimiento jurídico que su actividad merece.
La situación actual en nuestro país exige una política de igualdad de oportunidades, que la equipare al hombre  y también una mejora del propio medio que facilite su desarrollo personal y profesional. Ambas necesidades son conocidas por la UE, quien está planteando a los estados miembros actuaciones en este sentido y ha promovido iniciativas que tratan de mejorar esta situación. Todo ello redundará en un mundo rural más joven, tanto social como productivamente, más formado y diversificado, con más oportunidades de futuro y fortalecerá actividades fundamentales como la conservación del patrimonio rural, gastronómico y del medio ambiente.
Proyectos como el desarrollado en Asturias por Campoastur, bajo el lema  “Más que un respiro”, pretende buscar el desarrollo personal y profesional de las mujeres rurales. El servicio ofrece sustituir y cubrir todos los trabajos que realizan las mujeres cooperativistas y ganaderas, tanto en el ámbito de la explotación como en las tareas de cuidado y trabajo doméstico. Además de cubrir los periodos vacacionales, bajas laborales o picos de actividad, permite a las mujeres disponer de tiempo para su desarrollo personal, profesional y social, liberándola de sus largas jornadas de trabajo. Este servicio se ocupa también de la formación profesional y ocupacional, la actividad de gestión de la explotación con el objeto de ofrecer las mismas condiciones que los hombres en el desarrollo cooperativo.
La Comisión Europea acaba de publicar la aprobación del Marco Nacional de Desarrollo Rural de España para el periodo 2014 – 2020. Constituye el primer documento de programación, consensuado con las Comunidades Autónomas, necesario para la aplicación armonizada de la programación de Desarrollo Rural para el horizonte 2020 en España y esperemos que estas ayudas sean el instrumento que permita a las mujeres liderar el enorme potencial del mundo rural para que los próximos 8 de marzo podamos celebrar que entre todos avanzamos hacia un mundo rural más prospero y más justo desde la igualdad por el bien de todos-as.

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