domingo, 19 de octubre de 2014

Controles contra la corrupción


Gonzalo Gayo
La ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Y lo mismo podemos decir de los recursos públicos procedentes de nuestros impuestos  que se pierden por las grietas de la corrupción ante la evidente falta de control efectivo que adolece nuestra joven democracia.
Dirán que poco puede afectar a nuestros agricultores, a los ciudadanos o incluso podemos dejarlo en un monumental cabreo cada vez que enchufamos la televisión para quedarnos sin habla al contemplar como determinados directivos de cajas de ahorro gastaban con tarjetas de crédito en entidades que luego fueron intervenidas por el Estado para inyectar miles de millones de dinero público. Pero les diré, qe de seguir así estamos abocados al desastre.
Desde algún departamento universitario se han tomado la molestia de cifrar lo que al año se cuela por las grietas de la corrupción en nuestro país, nada menos que 10.000 millones de euros, casi el presupuesto de Agricultura para todo 2015 o lo suficiente para hacer 8 trenes AVE como el Madrid Valencia o 5 trasvases del Ebro en un año.
Pero la alerta máxima que evidencia que los controles no funcionan lo hemos podido comprobar en un buen numero de instituciones públicas cuya falta de control del erario público han supuesto torrentes de recursos dilapidados y que acaban por pagar los ciudadanos con recortes y una deuda histórica que supera el 100% de PIB.
La gota de este fin de semana la ponía un chaval de 20 años que saltaba a las portadas de los diarios tras sortear todos los controles en la ceremonia de proclamación del Rey, reunido con prestigiosos políticos y empresarios en nombre de quien se le antojaba en cada momento y supuestamente urdido una telaraña de tráfico de influencias con el que obtener beneficios.
Verán, la cosa es grave porque nuestro dinero, el que pagamos religiosamente no está a buen recaudo por falta de controles preventivos, de la necesaria transparencia, de los medios adecuados y de la honestidad que hagan saltar las alarmas ante la sospecha de desarmados con corbata y guante blanco. Si después de saber cómo se utilizaban las tarjetas de crédito y los salarios que se auto concedían los responsables de las cajas, no somos capaces de averiguar cómo concedieron esas mismas personas los millones de euros en créditos fallidos y que ocasionaron de la noche a la mañana enormes agujeros negros, con anuncio de intervenciones para evitar la quiebra. Y así fue como sin beberlo, ni comerlo, los ciudadanos perdimos de las cuentas públicas más de 140.000 millones de euros durante pasado ejercicio y que podrían haber puesto alas a la creación de empleo o la salvación de familias arruinadas por el paro.
Es urgente no solo una ley de transparencia, sino las necesarias medidas de control preventivo que hagan posible las garantías en el ejercicio de lo público no exista ni un solo privilegio, ni la más mínima oportunidad, para que un representante de la voluntad popular disfrute de una situación más ventajosa que el resto de ciudadanos. Y es que muchos olvidan que su nomina la pagan los ciudadanos para que resuelvan los problemas que acecha a nuestro estado del bienestar, a la educación de nuestros hijos y a las ayudas que precisan nuestros mayores o los hombres y mujeres del campo.
Les propongo, a quien corresponda, que tome nota de nuestro sector alimentario porque lo que hay que hacer en lo público ya está inventado, que es el control de cada euro público mediante la trazabilidad y controles necesarios, como bien hacen nuestros agricultores en alimentos que producen. Si usted se come un filete de ternera puede saber desde el nombre y las características de la res hasta donde pastaba o los datos de sus antepasados. Y lo mismo ocurre para el resto de alimentos, incluido los pepinos cuya trazabilidad permitió desenmascarar a los alemanes al tratar de inculpar a los sufridos agricultores almerienses. Una trazabilidad que permite saber todo tipo de detalles de los productos, de los controles establecidos,  de las sustancias con las que fue tratada y de quien lo produce.
La cuestión es que el control exhaustivo de cada euro de lo público no se puede demorar porque está en juego la misma democracia. De la misma forma que es preciso y urgente una profunda revisión salarial de los cargos públicos de este país así como la dación de cuentas de sus funciones y modo de contratación a sus electores /o ciudadanos. No es de recibo que quienes trabajan para defender a los trabajadores y parados se auto asignen pensiones fuera de toda lógica del sistema, o que se atribuyan 1.800 euros por ser diputado de provincias mientras coleccionan pisos como bien se sabe por la reciente declaración patrimonial. Deberían entender que un eurodiputado no puede cobrar más de 8.000 euros al mes porque simplemente es una burla a la inteligencia de los ciudadanos.  
Creo una vez más, que la ejemplaridad la dan nuestros agricultores, por su esfuerzo y sacrificio, por los controles establecidos para garantizar la calidad de sus productos, por la trazabilidad de cada cosecha, de sus tratamientos y pese a ello sufren la injusticia de unos precios que marca un mercado adulterado por quienes se llenan los bolsillos con el esfuerzo ajeno.
Y con todo, haciendo las coas como corresponde, desde la honestidad, el control y al servicio de lo público será posible que algún día salgamos de una crisis que ha puesto de manifiesto que existen demasiados egoísmos y  corruptelas por falta de control y de voluntad de depurar todas las responsabilidades. Y así, no será posible salir de este agujero. Al menos, de momento.

No hay comentarios: