martes, 4 de febrero de 2014

España ha vuelto

“España ha vuelto” titulaban esta semana pasada los principales medios de comunicación financieros en la catedral de las finanzas. El último informe de JPMorgan anunciaba a los voraces inversores de Wall Street que la economía española crecerá un 1% en 2014, y añadía que se atisban varios datos alentadores en los últimos meses sobre producción industrial, exportaciones, consumo interno y confianza que respaldan la salida del túnel de la sufrida economía española.
Los informes que circulan más allá del charco eran respaldados por el Banco de España y el INE dando así oficialidad a los primeros signos de recuperación durante el tercer trimestre señalando que la economía española prolongó la mejora gradual que se viene observando desde principios de año, en un entorno caracterizado por un cierto alivio en las tensiones financieras y una mejora de la confianza.

Por su parte el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecía las cifras oficiales en las que se mueve la economía española con una recuperación en el cuarto trimestre de 2013 del PIB del 0,3% situando la contracción económica en el 1,2% durante 2013, por lo que mejore en cuatro décimas la caída de 2012 (-1,6).
La mejora de la economía española invita a ser cautos dado que persiste un contexto económico difícil y con cifras de desempleo, deuda y economía sumergida preocupantes. Es por ello que España debe afrontar cambios estructurales en el gasto público y en los necesarios mecanismos del control de quienes toman las decisiones ya que, aun hoy en día, se  estima en más de 10.000 millones de euros dilapidados cada año en el capítulo de la corrupción y el despilfarro.
A ello hay que añadir los más de 80.000 millones que las arcas públicas dejan de recaudar por las enormes gritas de una economía sumergida que supera en 24% de los que producimos. Los datos oficiosos indican que los años de crisis económica han hecho aumentar la economía sumergida hasta el 24,6% del PIB desde la tasa del 17,8% que se calculaba en 2008. Además de la cantidad defraudada o evadida en concepto de impuestos, ha aumentado también la brecha provincial.
La subida de impuestos, la corrupción y el alza del paro han disparado la economía sumergida durante la crisis.
Según un informe de Gestha, la economía B alcanzó en 2012 los 253.000 millones de euros, casi un 25% del PIB, tras haber crecido en 60.000 millones en los últimos cuatro años. “Hay un grave problema de moralidad en España y la clase política hace poco por dar ejemplo” señalan desde el sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) en la presentación del informe ‘La economía sumergida pasa factura y el avance del fraude en España durante la crisis’.
Las previsiones son optimistas dado que se estima que España crecerá por encima de la zona euro en el 2014, pese a que la gran mayoría de predicciones apuntan a una evolución menor del PIB. La necesidad de aflorar
la economía sumergida y el grave daño que esta ocasiona a la recaudación para el fisco debe ser abordada para reducir el abultado déficit de las administraciones públicas. En el caso de España, más de cuarto de billón de euros de actividades que escapan al control de la hacienda pública privan al Estado de unos recursos que oscilan entre los 60.000 y los 80.000 millones de euros, según las estimaciones de diversos estudios. Otro informe, promovido por eurodiputados y realizado por Tax Research, cifra en 72.700 millones de euros la cantidad que el Estado deja de recaudar por la economía sumergida.
Para que la recuperación se consolide es necesario un enorme esfuerzo para que un 26% de la población encuentre trabajo. Sin embargo ni el Estado, ni las Comunidades Autónomas están por la labor de poner en marcha planes de choque para empleo y apoyar decididamente a los emprendedores.
No obstante, la economía española cobrará fuerza este año y lo hará de forma gradual en un cambio de ciclo que debería ponernos en la línea de crecimiento de nuestro entorno. De hecho, en países como Estados Unidos crecen a un ritmo anual del 3,2% en el cuarto trimestre del año pasado, impulsada por el mayor incremento del gasto de los consumidores en tres años.
Los inicios constatados de una incipiente mejora de la economía española y de la tregua de los mercados con nuevos descensos de las rentabilidades de la deuda pública española y de sus diferenciales respecto a los bonos alemanes debe impulsar las necesarias medidas para apoyar a la economía real así como los necesarios mecanismos de control de los escasos recursos públicos.

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