martes, 30 de julio de 2013

Agricultores y ganaderos '5 estrellas Michelin'



Gonzalo Gayo

La cocina española triunfa, arrasa allá donde va. Los maestros de los fogones se han convertido en dioses del arte culinario, en portadas de grandes revistas y hasta alguno se ha colado entre los personajes más influyentes del planeta tierra.
Esta misma semana The New York Times vuelve su mirada hacia España, como siempre con una de cal y otra de arena. En la sección de economía podemos leer la lista de casi seiscientas multimillonarios españoles con cuentas en Suiza para eludir al fisco. No se la pierdan, se le caerán las lagrimas al conocer cuanto salva patrias hay en la lista de la vergüenza de este país. Era como las dos Españas, esta vez en el siglo XXI, quienes alcanzan el éxito ofreciendo en un plato lo mejor este país, y los otros, los que nos llevan a la ruina defraudando para engordar sus cuentas en Suiza.
En la sección más leída del rotativo volvía su atención hacia el boom de la cocina española, convertida en referente mundial deshaciéndose en elogios y relatando los premios cosechados en todos los rincones del mundo. El secreto, señalaba el artículo, unos productos de calidad y unas profundas raíces culturales que ha permitido incorporar en cada plato la historia de civilizaciones y pueblos que habitaron la piel de toro.
Cada cocinero que triunfa en el mundo lleva sus recetas y piensa en productos de calidad, como han hecho durante milenios nuestros agricultores y ganaderos. Calidad de la que sin duda es una de las mejores agriculturas y ganaderías del mundo, en una tierra única donde se dan cita todos los climas, todas las culturas de otros tiempos y todo el saber de civilizaciones que fueron transmitidas desde el origen de los tiempos.
El éxito de la cocina española, es el éxito de nuestros agricultores por su sabiduría y el pacto secreto que mantienen con la naturaleza para ofrecer lo mejor para nuestra alimentación. Unos alimentos saludables, ricos y en una variedad que responde a la riqueza de climas y tierras de esta saqueada España. Sabiduría que ha permitido seleccionar las mejores semillas, el cuidado de la tierra y un sacrificio pocas veces reconocido por esos hombres de negro, que siempre los hubo en la distribución o cómodamente sentados en despachos ministeriales o de la Unión Europea.
Sobre la agricultura se construyó una sociedad, un país y hasta un continente que hoy es referencia en el mundo. Esa vieja Europa le debe todo a una agricultura que atesora en el mediterráneo los mejores productos transmitidos de civilización en civilización.
De los arroces a los vinos pasando por los aceites o las naranjas….frutas y hortalizas, carnes y pescados, se han convertido hoy en manjares para el mundo desde una paella pasando por una fabes hasta unas migas conquistan el paladar de medio mundo.
Una vez más los focos mediáticos encumbraban al Olimpo de la fama nombres como Ferrán Adrià, José Andrés,
Joan Roca, Juan Mari Arzak, Pedro Subijana, Martín Berasategui, Carme Ruscalleda, Quique Dacosta y otros muchos que conforman el firmamento de estrellas Michelin y otros galardones en certámenes internacionales. Pero la dimensión empieza a ser global en un mundo que aprecia la excelencia de unos productos de calidad, de una sabiduría milenaria en el arte de una cocina que deslumbra por el buen hacer de los maestros de los fogones conquistando los paladares más exigentes del mundo y rindiéndose a sus pies los medios de comunicación más influyentes del mundo.
Visto desde casa, aun nos puede sorprender que hayan tardado tanto en descubrir el tesoro de la cocina española. Quienes tuvimos la suerte de viajar por el mundo en tiempos estudiantiles soñábamos con volver a casa para comer un buen plato de paella, o una fabes, o la tortilla con ajoaceite. Nunca entendí tanta pobreza gastronómica de alemanes, ingleses o norteamericanos.
Dicen los gurús de la globalización que en menos de una década la cocina española habrá desbancado a la francesa, la china o la italiana para convertirse en la líder indiscutida del arte culinario.


Tal y como señala Colman Andrews, fundador de la revista Saveur y biógrafo de Ferrán Adrià, “gran parte de la comida española en los Estados Unidos no ha sido auténtica, sino una mezcla de muchas culturas”. De ahí que la cocina española se afiance en sus raíces, algo que además la pondrá en el ojo del huracán de la gastronomía internacional.
The New York Times sentencia esta semana que en la próxima década, decenas de cocineros norteamericanos educados en la auténtica cocina española y formada en restaurantes españoles comenzarán a trabajar en establecimientos a lo largo de todo Estados Unidos. Aumentará la demanda estadounidense de vinos y productos de España y esperemos que no tarde en llegar ese reconocimiento a nuestros agricultores que son los verdaderos artífices del éxito de una cocina milenaria y también de un turismo que llega por millones para saborear los productos made in Spain.

A nuestros bodegueros ya les llegó el turno de un reconocimiento que se afianza en el mundo por la calidad de unos vinos únicos. Y cuyas cosechas empiezan a ser vendidas enteras y por años a países como China, que buscan calidad, cantidad y precio, asegurando así la producción y el crecimiento sostenido de cara al futuro.
Un reconocimiento que se extenderá a otros productos, como ya ocurre con la producción ecológica de nuestra agricultura, siendo exportado un 85% de lo que producimos y lideres en la ”champion league” europea en número de explotaciones y superficie ecológica.
Nuestros agricultores y ganaderos merecen ese reconocimiento por su labor, su sacrificio de sol a sol y por ofrecer lo mejor de la tierra desde hace siglos. Ese reconocimiento debe llegar en la PAC, desde nuestras administraciones y consumidores para premiar a la economía real, a quienes sustentan con sus productos la mejor cocina del mundo y el segundo país más visitado del mundo. Sera un reconocimiento a la economía real, a quienes verdaderamente harán florecer la salida de esta crisis, en un nuevo tiempo para dejar atrás los egoísmos y a quienes robaron para irse a Suiza.
  

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