lunes, 24 de junio de 2013

UNA EUROPA AL SERVICIO DE LA ECONOMIA REAL



Gonzalo Gayo
Crear empleo debe ser la máxima de los mandatarios europeos de cara a la cumbre que se celebrará este jueves y viernes. Algunos destellos de esperanza otean el horizonte del viejo continente si finalmente sale adelante el plan que permita al Banco Europeo de Inversiones (BEI) facilitar el crédito a las pymes, especialmente en España, Italia y el resto de países del sur, hasta un máximo de 100.000 millones de euros durante el periodo 2014-2020. Se estima que más de un millón de empresas se beneficiarían de esta medida y con el ello la generación de empleo que buena falta hace.
Se trata de una medida necesaria y urgente que viene reclamando la economía real para salir de la actual recesión. Con ello se despejaría en parte la errónea deriva de una Europa que sigue dilapidando tiempo y dinero públicos para enjuagar los agujeros negros de una banca que ha consumido importantes recursos a costa de incrementar deudas y recortes en el estado del bienestar, como es el caso de España.
La medida puede sin embargo tropezar con la miopía de quienes persisten en las mismas políticas de atención urgente a cualquier indicación de los lobbies bancarios mientras se deja de lado a una economía real que sustentan las pymes europeas.
El BEI seria pues el instrumento más eficaz para canalizar el apoyo al sistema productivo con el objetivo de mejorar la competitividad de las empresas y crear empleo y que sin duda requiere del concierto del Banco Central Europeo para inyectar liquidez en la maquinaria productiva.
La inyección de 100.000 millones de euros en el sistema productivo de los países más afectados por la crisis permitiría revitalizar las economías más afectadas por esta prolongada recesión y que en el caso de España se traduce en casi 6 millones de parados, 2,25 millones de niños instalados bajo el umbral de la pobreza y una generación de jóvenes que soporta la intolerable cifra de un 56% de paro y la falta de toda oportunidad para salir del circulo vicioso.
Hasta el momento, el BCE y los mandatarios europeos han demostrado su lealtad inquebrantable a la banca europea, ofreciendo rescates para tapar los agujeros negros de sus balances sin que los responsables de tales quebrantos hayan pagado por dilapidar el dinero de sus depositarios y accionistas. El servilismo de los mandatarios europeos ha llegado al extremo de inyectar ingentes cantidades de recursos públicos que figuran en el incremento de la deuda pública que pagaran las futuras generaciones y sin que hasta la fecha ni siquiera se ha informado del cómo y cuándo la banca rescatada piensa devolver los recursos públicos obtenidos y a qué tipo de interés. Lo único cierto es que del 67% de deuda del PIB hemos superado el 90% de deuda respecto al PIB por culpa de la banca.
El plan que ahora se propone para inyectar 100.000 millones en el sistema productivo será sin duda la mejor señal de que algo está cambiando en la UE al poner la economía al servicio de los ciudadanos y especialmente de aquellos que generan riqueza y empleo para sostener un estado del bienestar, la cohesión y una sociedad más justa.
De igual modo, es de exigir que los responsables de la agricultura de la UE avancen hacia un acuerdo que atienda las justas reivindicaciones de quienes representan la economía real en el campo y que son otros que nuestros agricultores. De hecho, la Comisión y la Eurocámara están ultimando un acuerdo político para reformar de forma drástica la Política Agraria Común (PAC), que permita un reparto más verde y más justo de las ayudas y que estas llegue a los agricultores reales, y no tanto a aquellos coleccionistas de fincas que se dedican a coleccionar subvenciones para mayor gloria de marquesados.
Hay que focalizar cada ayuda y cada esfuerzo publico en la economía real si es que a estas alturas hemos aprendido algo de esta crisis. Afortunadamente, entra en el debate la redefinición del agricultor activo, para evitar que las ayudas lleguen a productores de salón o a terrenos destinados a actividades no agrícolas como aeropuertos y campos de golf; así como simplificar y establecer si serán voluntarios u obligatorios los programas específicos de apoyo a jóvenes agricultores y a pequeños productores. Es preciso también que en la agenda del debate se fije con claridad la mejora de la renta agraria de los hombres y mujeres del campo frente a los abusos de las cadenas de distribución y el sacrificio que se impone a los productos made in UE frente a otros productos importados y a los que no se les pide el mismo nivel de exigencia en calidad y controles fitosanitarios.
Una de las medidas estrella de la nueva PAC será el llamado ‘pago verde’ que permitirá condicionar un 30 % de las ayudas directas al cumplimiento de determinados esfuerzos medioambientales. El objetivo es promover las prácticas que no dañan el entorno, pero también llevar a cabo un lavado de imagen del gasto agrícola ante el contribuyente europeo, ya que la PAC absorbe casi el 40 % del presupuesto de la UE.
Europa se juega mucho, demasiado, para que este jueves y viernes no se de un claro mensaje de apoyo decidido a la economía real en la que son también protagonistas indiscutidos nuestros agricultores.

No hay comentarios: