domingo, 21 de abril de 2013

Y así nos va



Gonzalo Gayo/Valencia
El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schütz, afirma que el proyecto europeo está amenazado y su voz no es la única en el panorama internacional que advierte que las políticas económicas de Merkel conducen a la asfixia de una Europa que ya no late con un solo corazón mientras se acrecienta un abismo entre el norte y el sur. El euro puede tener los días o los meses contados sino no es capaz de dotarse de instituciones democráticas e instrumentos que garanticen a sus miembros la equidad en sus políticas desde la cohesión, la solidaridad entorno a un proyecto común.
El resultado de la política de Merkel no es tanto el adelgazar una deuda que en el caso alemán supera en PIB a la española. El objetivo es obtener los máximos beneficios de una política económica europea a costa de españoles, italianos y ahora franceses que deben responder a subastas de deuda bajo las normas que dictan los especuladores en el mercado secundario. Así pues, la señora Merkel puede ofrecer a las empresas y las familias alemanas hasta casi 5 puntos menos porcentuales para financiarse frente a las prestamos que se conceden en una España que asume cuanto hace y dice la señora que pasara a la historia por cargarse el euro.
Cierto es que el ministro De Guindos anda por las cancillerías europeas replicando que la broma ya ha durado demasiado. Que esto de compartir la misma monedea para acabar pagado los platos rotos debe tener un final que garantice los mismos tipos de interés para la zona euro. Sin embargo, ni la canciller alemana, ni los países satélites están dispuestos a que sus tipos de interés cambien aunque sea sacrificando a otros.
Les hablaba de Martin Schütz, quien reniega de las políticas de Merkel y recuerda en una entrevista en El País a los sufridos españoles que la señora canciller representa a su gobierno, que no al pueblo alemán, dado que las políticas aplicadas acabarán por sufrirlas todos si es que el euro y el proyecto europeo saltan por los aires. Sin embargo, tanto el Parlamento Europeo, como la socialdemocracia del viejo continente son cómplices por la omisión de propuestas capaces de enderezar el rumbo hacia una nueva Europa.
De haber sabido actuar con inteligencia, hoy Europa viviría los mejores momentos de su historia con una prosperidad fruto de sus avances, de su experiencia y de una ciencia y conocimientos que guían el progreso de los países emergentes que hoy son seña de identidad del crecimiento económico.

Sin embargo, hemos preferido arrugarnos para sacar del baúl los viejos recuerdos de una Europa rancia, que vuelve a mirar sobre el hombro del norte sobre el sur, que es incapaz de ofrecer respuestas al desempleo que sufren 28 millones de ciudadanos y que vuelve a las luchas fratricidas en los mercados y en consejos europeos convertidos en podredumbre de propuestas sin futuro.
Sí, también se han oído voces en el FMI y hasta el especulador convertido filántropo George Soros para señalar a la señora Merkel y advertir a Alemania que su plan conducen a Europa a su autodestrucción como proyecto más laureado de finales del siglo XX y en cuyo epitafio figurara la entrega de un Nobel a título póstumo.
Pero lo cierto es que ni las advertencias de unos, ni la realidad van a hacer cambiar el argumentario de la canciller alemana y de una debacle que puede acabar con el euro mientras el proyecto de aquella Europa del Tratado de Roma puede tener los días contados. Propuestas  las hay, está todo inventado y si no que se lo pregunten a los japoneses que han duplicado los yenes en circulación para que la maquinaria funcione adecuadamente, mejorando el consumo interno, apostando por una economía eficiente e invirtiendo en investigación, desarrollo y nuevas energías, a la vez que adquieren inmensas extensiones de tierra en otros continentes para cultivar productos agrícolas con los que garantizar las necesidades futuras de alimentación y esquivar los efectos que el cambio climático está teniendo en cosechas que hoy ya no garantizan el alimento de las grades poblaciones en el continente asiático. Lo hacen gobernando para sus ciudadanos, invirtiendo cada yen en la mejora de sus empresas y devaluando para vender más y mejor en los mercados. Es una receta, antigua, con sus pros y sus contras pero que siempre que se puso sobre la mesa dio resultados y hasta se bautizo en el caso español como milagro económico aquello que simplemente supuso poner alas al sistema productivo.
Lo peor del asunto es la mediocridad que nos gobierna en este continente sin las figuras europeístas que hicieron levantar un proyecto de futuro y que hoy más que nunca necesita de mas Europa para salir adelante, para que todos sus ciudadanos puedan aportar los mejor del fruto de generaciones que han sabido establecer los pilares de un estado del bienestar, de la cohesión social, del progreso y la investigación, del liderazgo en las nuevas energías y otra forma de ver el mundo desde el progreso y la cooperación de los pueblos.
La Europa del euro nos ha robado más de 20.000 millones a golpe de primas, de sobre coste para financiar una deuda que era 20 puntos inferior a la de Alemania o Holanda. Nos lo han robado y hemos pagado más de 20.000 millones de sobrecoste con recortes a la sanidad, en la educación y hasta en las ayudas a parados o en la congelación de salarios de funcionarios y pensiones. Y pudo ser más con un rescate de 300.000 millones de euros que Europa pensaba prestar de los fondos procedentes de la gran evasión de capitales que hubo en nuestro país. Sin duda, una estafa descomunal para acabar hipotecados hasta las cejas.
Pero seguimos pagando tanta insensatez con más recortes que nos llevan a ninguna parte, para quedar donde estábamos, teniendo que encima asumir la orgia de una banca quebrada por la incompetencia de quienes se guían por el egoísmo y al dictado de su bolsillo con casi 100.000 millones que han salido de nuestros impuestos. Mientras se sigue sin dar pie con bola en políticas activas de empleo, de apoyo a los emprendedores o a los jóvenes deseosos de ganarse en pan con el sudor de su frente en su casa y no en el exilio de un país sin oportunidades. Y así nos va con la esperanza de que esto cambie por el bien de todos y de Europa.   

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