lunes, 4 de marzo de 2013

Por un banco público


Gonzalo Gayo
A estas alturas de la película de esta crisis no sé si hemos aprendido la lección o más bien persistimos en los mismos errores para hundirnos aun más en el fango y dificultar la salida hacia un nuevo modelo que incorpore soluciones a una economía enferma.
Me temo que quienes nos gobiernan echan mano de doctrinas e hipotecas ideológicas para dilapidar lo público en aras de un estado del bienestar que responde al grito de guerra de quien pueda que se lo pague.
Y mientras tanto las arcas del erario público se van quedando vacías, esquilmadas en rescates para tapar con miles de millones de los ciudadanos los agujeros de los balances bancarios en rojo. No deja de ser sorprendente que el supuesto ahorro de tantos recortes en derechos y en el estado de bienestar apenas alcance para pagar el rescate de bancos quebrados con el añadido de una prima que nos impone los mercados a los más tontos de la zona euro.

Resulta que mientras asfixiamos a nuestros docentes, sanitarios, paralizamos la obra pública, damos la espalda a los agricultores, a los parados, a los investigadores, inventamos reformas para tirar a la gente a la calle o a los emprendedores se le anuncia cada día que vuelvan mañana para una ayudas aun inexistentes… mientras tanto, estamos llenando los bolsillos de los especuladores a golpe de prima o la basura de los bancos a precio de sangre, sudor y lagrimas del erario público. Sí, uno 15.000 millones el sobrecoste de financiar nuestra deuda en los mercados mientras Alemania y compañía lo hacen a precio de saldo gracias a un país como España incapaz de decir basta al juego sucio al que nos somete quienes controlan y manejan el euro y las instituciones europeas a su conveniencia.
Vengo a proponerles a estas alturas de la película, en el que unos cambian los brotes verdes por una bolita de cristal, en que relega sine die la creación de empleo, para que de una vez se dé respuesta clara a las demandas de un país en emergencia nacional una serie de medidas empezando por la creación de un banco público, un plan de choque europeo para crear empleo y empezar a ahorrar en el dispendio de sueldos y prebendas que algunos han convertido el nombre oficio del servicio público.
No podemos salir de la crisis por el mismo agujero en el que nos metieron. Es por ello, que la economía necesita de un banco público capaz de canalizar las ayudas y las necesidades de financiación a las familias y las empresas a tipos de interés del BCE, en torno al 1,5%, el mismo con el que la banca privada obtiene el dinero que revende al Estado al 6% con solo apretar un botón.
Para evitar debates estériles, me vale la misma argumentación empleada por el Gobierno para justificar que el dinero público debía rescatar parte de un sistema bancario privado en crisis para que vuelvan a fluir los créditos… Pues que los conceda una banca pública, transparente y eficiente, y que cumpla su cometido público de fomentar el progreso.
Otra de las medidas es concretar como la banca quebrada va a devolver hasta el último euro, por lo que debería anunciarse sin dilación un plan de devolución, como en cualquier préstamo bancario, estableciéndose la nacionalización o el cierre de la entidad que no los devuelva y la responsabilidad de sus gerentes y accionistas como les sucede a los ciudadanos cuando son desahuciados. No puede ser que la aplicación de las leyes esté en función del número de ceros en cuentas bancarias o de acuerdos de mesa camilla que no pasan por el parlamento.
Es importante que de esta crisis los ciudadanos, sus gobiernos e instituciones no sean rehenes de un sistema bancario que somete con su poder a las instituciones europeas y las decisiones del ejecutivo de turno cuando aún está por determinar su responsabilidad directa en el engaño y la estafa de esta crisis.
Tras poner en su sitio a la banca, es necesario ubicar a Europa en el lugar que les corresponden en el siglo XXI y es al servicio de los ciudadanos europeos. No es de recibo que el euro y las reglas de juego beneficien a unos mientras se hunden en la miseria a otros al poner como árbitros en la intermediación a una prima que responde a la voz de su amo y de los especuladores. Es hora pues de decidir la Europa que queremos, a imagen y semejanza de sus ciudadanos, con instituciones democráticas, transparentes. Europa debe dar respuestas a la educación, sanidad, investigación, seguridad alimenticia, a la competitividad desde la solidaridad y la cohesión que nos fortalezca a todos.
Es urgente que Europa ponga sobre la mesa un plan de empleo y competitividad que dé respuesta a las necesidades de empleo y reparto de la riqueza en condiciones de sostenibilidad y progreso de todos. Bruselas y Madrid deben tomar nota del Reino Unido, donde se constituye una Sociedad Limitada en 3 horas, de forma telemática, por un importe total de unos 40€, con capital mínimo de £1. Además no es necesario pagar cuota de autónomos ni similar y no se está obligado a facturar ni pagar IVA hasta alcanzar una facturación anual de £77.000. Hay que facilitar a los emprendedores el camino para crecer y ampliar horizontes con nuestros productos en el mundo. Y desde luego, con las actuales políticas económicas de Bruselas y Madrid vamos a ninguna parte.



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