lunes, 18 de junio de 2012

Es la hora de la economía social


Vivimos tiempos difíciles. Con más de 5,5 millones de desempleados, 2 millones de niños españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza, según el último informe de Unicef, miles de desahucios por impagos de inmuebles y la falta de liquidez que permita a las empresas y familias un respiro para salir de este callejón sin salida.

Muchos se preguntan cómo hemos llegado a esto, cómo es posible que el milagro español se haya desvanecido en la pesadilla que vivimos con rescates de la troika comunitaria. La respuesta es sencilla, hemos construimos demasiados castillos en el aire, de ladrillo a golpe de especulación, de enriquecimientos en una economía efímera, de balances artificiales y de deudas en las familias hasta el cuello. Nos creíamos los reyes del mambo a golpe de préstamos, desde el primero al último eslabón de una larga cadena. La gente compraba pisos con préstamos a 40 años, a precios inconfesables. Los ayuntamientos recibían dinero fresco a golpe de PAI bajo el amparo de una Ley del Suelo que ha arruinado un país y que daba barra libre a promotores, especuladores y consistorios. Los bancos creyeron encontrar el filón que pusiera dos dígitos a sus beneficios concediendo préstamos que superaban incluso la tasación de viviendas.
Llegamos a producir durante casi una década más viviendas que Alemania, Francia y el Reino Unido juntas. El metro cuadrado de la calle Colón llego a superar a la quinta avenida de Nueva York y los titulares de la época se vanagloriaban de tal hazaña. Lo mismo pasó con alcaldes y alcaldesa que superaban y aun hoy superan en ingresos al presidente de EEUU o de Francia.



Habíamos construido una economía irreal, a golpe de ladrillo, pero también de un sinfín de productos financieros ficticios, que simplemente alimentaban el juego especulativo de unos mercados ávidos de codicia. Aquellas hipotecas se revendían en los mercados internacionales a cambio de más dinero para más ladrillo. Hasta que la burbuja estalló.
Bastó que en EEUU una de las mayores agencias de colocación de valores saltara por los aires para comprobar que el sistema financiero estaba infectado de productos que no respondían a una economía real y que tras ellos apenas había humo para dar y regalar.
El sistema financiero acusaba el golpe en sus balances y en la desconfianza generalizada en el tráfico de capitales. La falta de regulación y control en el sistema financiero en la etapa de Bush, o la barra libre que el entonces ministro Rato impuso en España con la Ley del Suelo desataron la codicia, la especulación y la mayor crisis financiera desde la Segunda Guerra mundial.
En Europa tuvimos un caso singular, Grecia. Los sucesivos gobiernos conservadores habían hecho lo impensable en un Estado. Traspasaron la línea de la irresponsabilidad al engaño de sus cuentas colocando deuda disfrazada en Wall Street para financiar un estado artificial a escondidas de Bruselas. Se saltaron todos los límites habidos y por haber para aflorar una quiebra del estado heleno y la mayor crisis de la Europa del Euro.
Según un informe de la organización en defensa de un banco de alimentos Feeding America, más de 12 millones de niños están amenazados con el riesgo de una alimentación no adecuada y de hambre en Estados Unidos. El estudio concluye que más de tres millones y medio de niños menores de cinco años se enfrentan al hambre en el país más rico del mundo, al menos eso dicen.
Las medidas adoptadas desde que se inició la crisis financiera están dando como resultado un panorama desolador en los ámbitos social, económico, político y ecológico. Quizá los resultados más dramáticos se muestran en la esfera socioeconómica, reflejados en las cifras de desempleo, subempleo y el número de familias desahuciadas. Los recortes y contrarreformas han ido acompañados de la erosión de derechos sin precedentes en la reciente historia.
Y en esas estamos, tratando de volver a una economía real, sufriendo rescates y la especulación de unos mercados que siguen sin dar tregua, que nos embulle en un mar de confusiones con reformas y contrarreformas que siguen sin encontrar el camino de una ansiada recuperación y que debería tener en la economía social un referente y un camino a seguir para salir fortalecidos de esta crisis.


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