lunes, 7 de mayo de 2012

Hollande, un nuevo tiempo de esperanza para Europa



Francois Hollande, presidente de Francia 2012 
Francia cambia de rumbo tras la elección de François Hollande como presidente de la V República francesa. El cambio en el país vecino tendrá su eco en la política europea actualmente centrada en la salvación de bancos quebrados y en el control de un déficits publico a costa de recortes en servicios del estado de bienestar conquistado durante lustros de sacrificios e inversiones de los ciudadanos.

Con la llegada de Hollande al Palacio del Eliseo cambia la correlación de fuerzas en una Europa. El presidente galo ha anunciado un cambio en las políticas que potenciará el crecimiento de la economía y la creación de empleo. En sus primeras palabras ha defendido la compatibilidad del estado de bienestar, con el cumplimiento del objetivo de déficit del 3% en 2013 y el estimulo de la economía que permita abrir un nuevo tiempo de prosperidad. No hay mejor fórmula para defender el estado de bienestar que creando empleo y las condiciones propicias para ello en vez de tirar a la basura ingentes cantidades de recursos públicos para sanear balances de entidades financieras afectadas por minusvaloración de negocios inmobiliarios o de una deuda griega incobrable por bancos franceses y alemanes. 
(sigue)



Europa debe impulsar un nuevo camino de prosperidad con el impulso de medidas que estimulen la actividad económica y el consumo interno así como la realización de infraestructuras que mejoren la posición geoestratégica, una menor dependencia energética con una apuesta clara por las renovables y el necesario apoyo a un sector como el agrícola y alimentario, que debe ser considerado estratégico con mas hechos que palabras.
Portada de El Pais
Hollande lleva en su cartera de propuestas un nuevo modelo del BCE que desempeñe el mismo papel que juega la Reserva Federal norteamericana a la hora de defender un euro demasiado escorado a los intereses de Alemania y Merkel. Si compartimos una misma moneda no tiene sentido que los haya países que paguen hasta cinco veces más en los tipos intereses de su deuda como ocurre en la actualidad. No es de recibo que el BCE haya entregado a la banca más de un billón de euros al 1% mientras los estados se las ven y desean en su lucha diaria contra los especuladores de los mercados.
 El cambio producido en Francia contrasta con el galimatías griego tras unas elecciones en las que se complica la gobernabilidad y estabilidad que cuestiona su futuro en la cesta euro. Cada día son más los partidarios de que Grecia salga de un euro que estrangula la economía del país heleno. Es preferible que puedan devaluar su moneda, ordenar su economía y volver cuando el propio pueblo supere una situación fuera del alcance de Merkel y sus dictados.
Las elecciones de Francia y Grecia abren un nuevo tiempo, el de las grandes políticas que devuelvan a Europa su confianza en su futuro sobre la solidez de un progreso compartido y que debe asentarse sobre una Constitución Europea, con los derechos y deberes de sus ciudadanos, y una gobernanza económico, social y política emanada de las urnas.
Un nuevo tiempo en el que Merkel debe asumir su responsabilidad en una errónea política que hasta la fecha solo ha servido para inyectar más de un billón de euros a los bancos a un 1% mientras el BCE da la espalda a los gobiernos atacados por la especulación de unos mercados que castigan el que el euro no tenga una política de cohesión que lo proteja. Una política que ha errado en la política de rescates a Grecia con ayudas que en realidad trataban de que los bancos alemanes y franceses cobraran una deuda impagable.

La falta de una Constitución europea y una necesaria gobernanza económica, social y política entre los estados que comparten una misma moneda deja abierta la puerta a los especuladores para que actúen contra aquellos países que más sufren la crisis como es el caso de España con un 24% de paro. La ausencia de una vertebración de Europa ha sido alimentada por el eje Merkel-Sarkozy para obtener el control de las instituciones financieras y unas ventajosas condiciones en la financiación de su deuda, que supera en ambos casi los 20 puntos respecto a la deuda española en relación al PIB.
El nuevo tiempo que se abre con la victoria de Hollande debe dirigirse a fortalecer Europa desde estructuras democráticas desde una actuación política y económica común a los estados miembro, desde el consenso y no desde la imposición de una de las partes. Europa debe jugar un papel destacado en un mundo globalizado y defender con uñas y dientes un modelo de sociedad que se sustenta en la solidaridad del estado de bienestar de sus ciudadanos. La victoria de Hollande conecta con las verdaderas necesidades de España para salir de una crisis que se retroalimenta con las políticas erróneas de un eje que buscaba mas la hegemonía de Paris-Berlín, sin caer en la cuenta de que Europa o somos todos o saltara por los aires el día menos pensado.

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