lunes, 21 de mayo de 2012

Agricultores indignados

¿Quién garantiza productos seguros y de calidad? ¿Quién contribuye al cuidado del medio ambiente?¿Quien mantiene nuestro paisaje y una parte fundamental de nuestras costumbres?. Estas y otras muchas preguntas son lanzadas al viento por nuestros agricultores durante la marcha verde que esta semana pasada llegó al corazón de Valencia para denunciar la ruina del campo y que culminará este jueves 24 de mayo en Madrid, ante la sede del ministerio de Agricultura, cuyo ministro aun no se ha dignado a recibir y escuchar las justas demandas de nuestros agricultores. Bajo el lema de Juntos lo conseguiremos, la marcha verde reivindica unos precios dignos, certidumbres para el futuro de los jóvenes y el reconocimiento de la profesión agraria a todos los niveles. Sin duda nada que ver con los planteamientos en otras crisis como la bancaria en la que los gobernantes disponen del dinero de los ciudadanos para tapar los agujeros de la avaricia y las insultantes indemnizaciones de sus dirigentes.






Mientras se anuncian cientos de miles de millones para salvaguardar a una banca que hincho sus balances con activos en ladrillo sobrevalorados en el campo se vive la infravaloración al esfuerzo de quienes trabajan de sol a sol. Vean ustedes si no es de recibo que el precio de un café es lo que recibe un agricultor por un cajón de 20 kilos de naranjas o 10 kilos de lechugas que ni siquiera dan para pagar el gasóleo del tractor.
Para poder comprar un kilo de abono se necesita el equivalente a 13 kilos de cebollas mientras quienes hayan cosechado patatas apenas recibe 6 euros por cada 50 kilos de género y así hasta el infinito en una sinrazón sin fin que nos conduce al absurdo e injusticia que supone ver intervenidas a entidades financieras mal gestionadas por directivos a los que se les premia con multimillonarias indemnizaciones mientras se condena a la postración y el olvido a quienes garantizan nuestra alimentación, velan por nuestra salud con la calidad de sus productos y son garantía de desarrollo sostenible al preservar el medio ambiente.
Hoy el campo no da ni para pagar los costes de un gasóleo por las nubes, de unas ayudas por las heladas y la sequia que nunca llegan, de unos precios que son una auténtica ruina que se asienta sobre otras tantas ruinas de años anteriores. Hace un año, por estas fechas los agricultores tuvieron que suportan la que les vino encima por la crisis sanitaria en Alemania cuyas autoridades quisieron culpar al pepino español para tapar su incompetencia y demostrada mala fe. Causaron un daño incalculable y ahí están como si nada, cuando más de uno debería estar en la cárcel por la alarma social causada y los daños provocados en el campo español.
Se han propuesto acabar con el campo y a buen seguro que los burócratas en las administraciones europea buscan utilizar nuestra agricultura para contener la inflación ante la escalada de precios en energías, o servir como contrapartida para alianzas con otros países, e incluso ignorar las justas reivindicaciones en la PAC para ir restando ceros en los presupuestos de la UE para el campo. Según las estimaciones de los agricultores y ganaderos de la Unión Europea, el coste del acuerdo entre la UE y Mercosur podría ascender a más de 17.000 millones de euros, que se traducirían en pérdidas directas mientras otro tanto se apunta en la cuenta del debe de los agricultores tras las puertas abiertas las los productos marroquíes. De la misma manera que resulta un insulto a la inteligencia que el acuerdo con Marruecos cuya producción se debería apoyar para dar de comer a un continente que se muere de hambre mientras Bruselas prefiere alentar con sus ayudas a incrementar los excedentarios mercados europeos y la ruina de nuestros agricultores con la finalidad e mantener a raya la inflación en la zona euro.
Pero lo pagaremos caro. El hundimiento continuado de la rentabilidad va a provocar este año el abandono de más de 20.000 hectáreas de cultivo, el cierre de cientos de granjas y la pérdida de más de un millón de jornales. Cristóbal Aguado señala que los agricultores y los ganaderos también están indignados y pide a los políticos tienen que tomar conciencia de una vez por todas de la sangría que sufre este sector e implicarse de verdad en la solución de los problemas.
Pero lo líderes europeos andan ocupados en como hundir aun mas a la zona euro con políticas que dilapidan miles de millones en maquillar los balances de bancos quebrados mientras se alimenta una tormenta perfecta que amenaza con hacer saltar por los aires a la moneda europea cuyo BCE está al servicio de los intereses de Alemania.
Este pasado fin de semana se reunían los líderes del G8 para ver cómo superar la crisis de la zona euro y los altos precios del petróleo. Para ello anuncian la necesidad de impulsar políticas que fomenten el crecimiento pero sin concretar una sola propuesta, ni mencionar a una agricultura que precisa de apoyos urgentes. Lo único que ha cambiado en Europa es el discurso que llega desde París con el nuevo presidente francés, François Hollande, durante su campaña a favor de un pacto de crecimiento y un claro apoyo a la agricultura europea. Esperemos que prevalezca esta nueva senda ante el caos generado por Merkel y sus políticas.
La única referencia a la agricultura en la reunión de G8 fue la llamada Nueva alianza para la seguridad alimentaria y la nutrición, impulsada por Obama que buscará más inversiones del sector privado en la agricultura en seis países africanos: Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Costa de Marfil, Tanzania y Mozambique. Un sector privado que en la mayoría de los casos se sustenta en la apropiación de grandes extensiones de terreno por parte de China, Japón e India para abastecer sus futuras necesidades alimentarias.
No obstante, esperemos que el próximo jueves 24 de mayo el ministro Cañete reciba a nuestros agricultores para atender sus justas reivindicaciones tras una marcha verde en la que estamos todos implicados, desde productores a consumidores. El propio ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha defendido la importancia de reforzar la cadena de valor agroalimentaria para que los productores perciban un precio suficiente que les permita cubrir sus costes de actividad y señalado que cuando los precios en origen no tienen capacidad de trasladar los costes del productor algo está pasando en el sistema. “Mi preocupación fundamental, como ministro, es garantizar la renta al millón de agricultores que hay España”, ha señalado por lo que debe ser posible el entendimiento y la acción para superar esta ruina. Es hora pues de sumar esfuerzos y encontrar la salida que impulse el futuro de nuestros agricultores. Y es hora también de que consumamos y valoremos los productos de nuestra tierra y agradecer tanto esfuerzo y sacrificio a nuestros agricultores a los que debemos sacar de la ruina entre todos.

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