domingo, 22 de enero de 2012

Con nuestros agricultores

Gonzalo Gayo Hablemos claro, quieren cargarse el campo y lo están consiguiendo. Seguimos sin tocar fondo, perdiendo año tras año poder adquisitivo, empobreciendo aun si cabe más a los hombres y mujeres del campo con los precios ruinosos con los que se paga el esfuerzo de nuestros agricultores. Vean ustedes si no es de vergüenza los 20 céntimos en el kilo de patatas que salen a la venta en las grandes superficies o los precios de miseria en cítricos por no hablar de la negra campaña veraniega tras el pepinazo alemán a la línea de flotación de nuestra agricultura. ¿Dígame que sector de la actividad económica lleva 15 años sin levantar cabeza y cuando la levanta se la hunden en el fango de los mercados que controlan las grandes superficies? ¿Conoce usted alguna actividad profesional que haya retrocedido su renta casi veinte años hasta situarse en la misma de los años noventa?




Pregunten a nuestros agricultores, a los quedan, porque es para llorar como les están haciendo la vida imposible. Si no son los precios de ruina, son las normativas que deben cumplir a rajatabla mientras por la puerta de atrás se cuelan productos de todos los lugares sin las preceptivas comprobaciones por no hablar de las campañas orquestadas, de las importaciones masivas por la puerta de atrás o la incompetencia de los gestores europeos. Se están cargando la agricultura, a sabiendas. No moverán un dedo para que los precios de los productos del campo satisfagan el esfuerzo de nuestros agricultores. Al contrario, desde Bruselas, con la connivencia de gobiernos nacionales y autonómicos, se está utilizando a los productos del campo para mantener a raya la inflación. Así ha sido en los últimos 15 años y testimonio de ello dan las masivas importaciones de productos agrícolas cuando la inflación repuntaba. O como se explican que con el precio del petróleo mas alto de la historia y sus derivados sigamos disfrutando de una inflación entorno al 2% y un sorprendente precio del dinero del BCE al 1%. No me diga que no había caído en la cuenta. Tan sencillo como inundar los mercados de patata egipcia cuando comienza la recolección en nuestras tierras o el cerrojazo de precios de los seis grandes cadenas de distribución europeas que arruinan a miles de agricultores con precios de vergüenza mientras se llenan los bolsillos con el esfuerzo ajeno. Hoy se vende en los mercados valencianos a 20 céntimos el kilo de patatas, más barato que un litro de agua embotellada, a saber donde. Hoy, con lo que se esta pagando a nuestros agricultores no se paga ni la mano de obra para cosechar una de las campañas citrícolas de mayor calidad en el producto de los últimos años. Y de seguir así, no vamos a ninguna parte. Los agricultores se ven obligados a vender las patatas a precios ridículos, ya que mientras el que las cultiva recibe entre 7 y 9 céntimos por kilo, el consumidor lo compra hasta un 800 por ciento más caro, por lo que se ha encendido las protestas. Es posible que los tecnócratas europeos o los ministros de turno contemplen con satisfacción como la inflación no sube o como se cuentan por miles los hombres y mujeres que abandonan el campo lo que redundará en una menor portación de las ayudas comunitarias a través de la PAC. Seguramente, quienes dirigen los destinos de la agricultura europea encontraran acomodo en otros destinos cuando hayan dilapidado el rico patrimonio agrícola del mediterráneo tras arruinar el esfuerzo de generaciones que hizo posible la prosperidad de Europa. Y para entonces, cuando los ciudadanos quieran reaccionar será demasiado tarde. Desde las organizaciones agrarias se advierte que la enésima crisis de precios que azota este año al campo ha provocado que durante 2011 se hayan abandonado la cifra récord de 13.140 hectáreas agrícolas en la Comunitat Valenciana, según los últimos datos del Ministerio de Medio Ambiente (MARM). Las cifras oficiales revelan que el incesante proceso de destrucción de suelo agrícola se aceleró a partir de 2008, fecha desde la que se acumula un abandono de 20.000 Ha, especialmente en vid y cítricos. Cristóbal Aguado, presidente de AVA, advierte que “la puesta en marcha de soluciones efectivas no puede demorarse por más tiempo y la primera de esas soluciones pasa porque los gobiernos –el de Bruselas, el central y autonómico– tomen conciencia del asunto de una vez por todas y apliquen esas medidas que anuncian y no terminan nunca de llevar a cabo para corregir los abusos del mercado alimentario. Nuestra agricultura vive del mercado y si no nos dejan competir no tenemos futuro. De hecho, y tal como están las cosas ahora mismo en sectores como el citrícola, el año próximo el abandono de tierras de cultivo volverá a dispararse. También desde la La Unió de Llauradors denuncian venta sin precio de mandarinas de la variedad Clemenules en una gran cadena de distribución mayorista con capital alemán y con fuerte implantación en España. En la venta del catálogo correspondiente a la semana del 4 al 17 de enero de 2012 los clientes de la cadena de grandes supermercados Makro han podido ver y comprar mandarinas a 0 euros. La Unió solicita al Tribunal de la Competencia que actúe de oficio ante actuaciones como ésta que confirman las denuncias reiteradas de organizaciones agrarias. Los agricultores deberán empezar a pensar a comercializar su producción, a exigir la necesaria actuación de las autoridades comunitarias y si es necesario demandando la dejación de funciones que esta arruinando el campo. Hoy más que nunca hay que consumir productos de la tierra, de nuestra tierra, y alzar la voz en defensa de una agricultura que ha sido y será garantía de progreso y bienestar si somos capaces de exigir a nuestros gobernantes y a las grandes superficies el justo precio al esfuerzo de nuestros agricultores.

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