miércoles, 14 de diciembre de 2011

EUROPA NECESITA MAS EUROPA
Gonzalo Gayo La UE ha emprendido el camino de la disciplina presupuestaria para salvar al euro. Es sin duda un compromiso necesario para no hipotecar a las futuras generaciones y deberemos hacerlo desde la austeridad, transparencia y eficiencia del gasto de los recursos públicos. Al acuerdo se han sumado 26 estados miembro de los 27 de la UE quedando en la cuneta el Reino Unido tras sus intentos fallidos en dinamitar un acuerdo para mayor gloria de la libra y la city londinense. No lo consiguieron, afortunadamente, y su deslealtad hacia el proyecto europeo tendrá un alto coste para las islas. Europa sabe que su fuerza y su futuro residen en la unidad y en la lealtad a un proyecto común siendo conscientes que los excesos cometidos durante los años de bonanza nos han conducido a hipotecar recursos que ahora pagamos con sangre, sudor y primas. Bien lo sabemos los españoles, con casi cinco millones de desempleados que aun no figuran en la agenda de los mandatarios europeos reunidos en la pasada cumbre y más de 20 millones de ciudadanos europeos sin empleo a los que ni tan siquiera se les ha dedicado unas palabras de aliento.




Primero los bancos, a los que dedicamos insultantes cantidades de dinero publico para que anden desalojando a familias que perdieron el empleo. Paradojas de la vida. El acuerdo suscrito es un primer paso, necesario pero no suficiente. Necesario a la hora de introducir disciplina en las cuentas públicas, pero insuficiente para poner en marcha el motor de una ansiada recuperación económica que genere empleo, competitividad y sostenibilidad. Por ello será necesario dotar a Europa y al euro de la arquitectura democrática e institucional que de solidez a un proyecto común que compartimos más de 300 millones de ciudadanos desde una constitución europea pasando por un gobierno común que imprima gobernanza en lo económico y en lo social ante sus ciudadanos y ante el mundo. Nos jugamos mucho, demasiado, en un mundo que cambia de escenario y de protagonistas a golpe de PIB y a una velocidad de vértigo mientras Europa sigue mirándose el ombligo, mostrando su incapacidad a la hora de ocupar el papel que le corresponde en el mundo. Sabemos que antes de 2015 China será la primera potencia del mundo tras haber superado hace apenas un par de años a Japón en el segundo lugar del ranking de superpotencias. Sabemos que pese a las palabras de animo para salvar al euro existe al otro lado del Atlántico una autentica guerra de divisas que trata de mantener la hegemonía de un dólar que tan buenos réditos ha dado al `American Way of Life´ y que se pretende perpetuar en el horizonte de una economía global sin la sombra de un euro pujante y solvente. Los embajadores británicos y las agencias de calificación norteamericanas lo han puesto de manifiesto antes, durante y después de la cumbre de jefes de Estado europeos esta semana pasada en Bruselas y lo seguirán haciendo mientras Europa no crea en si misma y sea valiente para afrontar las reformas necesarias. Europa necesita de una arquitectura solida en este siglo XXI y para ello deberemos avanzar hacia una confederación de Estados. No hay otro camino, y debemos hacerlo con urgencia, determinación y desde el cumplimiento de los compromisos adquiridos en la pasada cumbre en la que se marca el punto de partida del rigor fiscal y presupuestario como cimientos para una nueva era del viejo continente. No faltaba razón al presidente en funciones en su última cumbre europea, Rodríguez Zapatero, cuando resaltaba la importancia de los acuerdos alcanzados para añadir que aun estamos a mitad de camino. Un camino en el que deben surgir liderazgos, propuestas e impulsos para un nuevo tiempo en la Europa de los ciudadanos, capaz de sortear fronteras y unir destinos. Europa debe dejar de mirarse el ombligo y ponerse a construir esa casa común que nos permita apoyar solidariamente el desarrollo de nuestros vecinos del Magreb y África. Su desarrollo será también el nuestro. Debemos estrechar lazos con América latina y exigir la reciprocidad en mercados como los asiáticos a la hora de vender nuestros productos. Europa tiene ante si un gran futuro si somos capaces de entender que debemos dar los pasos necesarios en este nuevo mundo que alumbra el siglo XXI. Hemos aprendido la lección de esta crisis y la pasada cumbre ha puesto las bases de un importante acuerdo que debe avanzar en próximas fechas ya que de lo contrario todo quedara en nada.

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