lunes, 16 de mayo de 2011

Europa en crisis

Europa atraviesa una profunda crisis de identidad que amenaza con agravar la situación económica a golpe de planes de rescate que conducen a ninguna parte. Las recetas financieras de la señora Merkel y Sarkozy apenas han servido para apuntalar el crecimiento de las economías de Alemania y Francia al tiempo que incrementa la amplia brecha entre los países fuertes y los débiles en la UE.


El crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) alemán se ha situado en el 1,5 por ciento y con una de las tasas de paro más bajas de su historia mientras el PIB francés alcanza un 1,0 por ciento frente al estancamiento de la economía española que apenas crece un 0,3 por ciento y sufre una tasa de paro que supera el 20%. La situación de los mercados de trabajo europeos sigue siendo diversa, con una tasa de desempleo que oscila entre el 4-5 % en los Países Bajos y Austria y el 17-21 % en los países bálticos y España.
Bruselas no prevé ni tiene intención de que cambie la actual crisis de empleo que sufren países europeos mientras en Alemania y Francia no se entiendan las luces de alarma. De momento, a los actuales dirigentes de Europa tan solo les preocupa que las entidades financieras salven lo mejor posible esta crisis aun a costa de hundir el proyecto de una Europa de los ciudadanos.
De hecho, las recetas financieras de la señora Merkel y Sarkozy apenas han servido para mejorar sus perspectivas económicas mientras contribuyen a profundiza las recesión que sufre Portugal y Grecia, asfixiados por su enorme deuda y que se vera incrementada con el incremento de los tipos de interés del BCE. De hecho, los planes de rescate lo único que han contribuido es a espantar la inversión extranjera generadora del verdadero empleo y a ahuyentar a las entidades financieras a la hora de prestar dinero a empresas y ciudadanos.
Alemania y Francia están retrasando la recuperación de la economía europea por un puro interés egoísta en ostentar la hegemonía en el viejo continente cuando en el resto del mundo desarrollado la recuperación avanza a pasos agigantados.
Conviene recordar que la gravedad de la actual crisis europea tiene sus orígenes en la negativa de Francia a una Constitución europea y también al interés de Alemania para que Europa no tuviera un liderazgo capaz de potenciar una Europa social y de los ciudadanos colocando al frente de las principales instituciones perfiles grises que no hagan sombra a las pretensiones alemanas de controlar el BCE y la agenda exterior europea.
Aquellos movimientos trataron de consolidar una Europa bajo la dirección del eje franco-alemán que esta frenando una salida de la recesión, la crisis del euro, el déficit de la política exterior y la ausencia de liderazgo en una Europa sin rumbo.
El eje franco-alemán se aferra a la Europa de los mercaderes y al dictado de las grandes entidades financieras mientras los problemas de la economía real no tienen un lugar en la agenda comunitaria. Ni el desempleo, ni la mejora de la actividad económica, ni una agricultura competitiva, ni siquiera el impulsar las exportaciones made in Europa cuentan con un plan específico de los países europeos pese a que en ello esta en juego la financiación del estado del bienestar.
Merkel y Sarkozy han dispuesto ingentes cantidades de recursos públicos para tratar de salvar los números rojos de los excesos cometidos en los últimos años en las cuentas públicas y de entidades financieras cuando habría bastado la mitad de los mismos para poner en marcha el motor económico capaz de crear riqueza y empleo.
Los ministros de Economía de la UE empezarán a preparar este lunes el segundo plan de rescate para Grecia -que podría ascender a 60.000 millones de euros que se sumarían a los 110.000 millones actuales. Además, aprobarán el programa de asistencia a Portugal de 78.000 millones de euros para los próximos tres años, cuyo tipo de interés será superior al 5,5% y que en ningún caso garantiza la solución a los verdaderos problemas que afectan a Portugal. Además, la Unión Europea sopesa pedir a los bancos y a las aseguradoras comunitarios que participen en este segundo plan de rescate de Grecia para evitar que sean los países de la eurozona los que tengan que asumir toda la carga de la nueva ayuda lo que sin duda acarreará mayores dificultades a los ciudadanos y empresas para obtener prestamos agravando la crisis de la economía real.
Este no es el camino para salir de la crisis sino que además puede empeorar la situación de una Europa que manifiesta su incapacidad de respuesta y de su falta de visión de futuro al dilapidar los recursos públicos que no dan respuesta a los problemas reales de los europeos.
El modelo de Merkel y Sarkozy para esta crisis ha fracasado y es el mismo que se utilizó con la denominada Iniciativa de Viena para el apoyo a los bancos en crisis de los países del centro y el este de Europa aprobado en 2008 sin embargo los problemas de Europa hoy son otros y lo sufren millones de ciudadanos sin empleo que no tienen respuesta de Europa.
La aprobación esta semana del plan de rescate para Portugal traerá consigo la desconfianza de los mercados y los inversores como ha sucedido con Grecia ante la falta de respuestas y apoyo a la economía real. Si los 78.000 millones de euros que se inyectará a la economía portuguesa se destinara a mejorar sus infraestructuras y a la modernización del tejido productivo en vez de tapar agujeros en las cuentas publicas otro gallo cantaría en la Europa del siglo XXI. Y por si no fuera poco, el rescate de Portugal incluirá un paquete de 12.000 millones de euros para recapitalizar el sector bancario lo que sin duda evidencia que Europa solo tiene recursos para tratar de salvar manzanas podridas del sistema financiero dejando de lado a millones de ciudadanos sin empleo.
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ha callado durante mucho tiempo y su silencio ha contribuido a que Europa este hipotecada con planes de rescate que conducen a ninguna parte. Ahora que se jubila y parece que dejará el sillón del BCE ha advertido que nuestras democracias no están preparadas para proporcionar otra vez la ayuda financiera que evite una gran depresión en caso de otra crisis de la misma naturaleza cuando hemos movilizado un 27% del PIB, con dinero de los contribuyentes, para evitar la crisis del sector financiero y que deja sin recursos a la Europa social que exige respuestas a los problemas de empleo y deterioro del estado del bienestar.
Gonzalo Gayo

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