lunes, 21 de febrero de 2011

La lección no aprendida

Hace treinta años sufrimos otra gran crisis en la España de 1981 y del 23-F. Entonces sufríamos una tasa negativa del PIB del 0,2%, con un desempleo del 15% y unos tipos de interes que rozaban el 19%. De aquella España y de aquella profunda crisis salimos reforzados con esfuerzo y no pocos sacrificios en la modernización del sistema productivo y nuestra convicción de unir nuestro destino a Europa.
Fueron años difíciles. Años de reconversiones industriales dolorosas, de sacrificios en el campo y de perdida de rentas y empleos con un precio del dinero que alcanzaba el 19% mientras el sistema de la seguridad social hacia aguas y el sector publico sumaba escandalosas cifras de números rojos.
No fue fácil salir de aquel agujero negro de no de no ser por la determinación de los agentes sociales, de los sucesivos gobiernos y de los ciudadanos en luchar juntos para asentar los pilares de una España moderna y próspera. Aquellos años nos ofrecen hoy la lección aun no aprendida de que podemos salir de la actual crisis fortalecidos para asentar la solidez del estado de bienestar y el progreso de la economía en un mundo globalizado para la España del siglo XXI.
Los agricultores sufrieron doblemente aquella crisis económica dada las calamitosas condiciones climáticas que mermaron cosechas y rentas agrarias. El sector agrario no fue ajeno a aquella profunda recesión con una caída de la producción a la que se sumaba las secuelas que dejaba la sequía y heladas invernales, que provocaron serios daños en la cosecha de cítricos y hortalizas tempranas. La climatología adversa escribía un nuevo año negro para la agricultura con una sequía de verano que condicionó los rendimientos del viñedo, olivar y girasol lo que provocó la caída de las producciones y un nuevo retroceso de la renta agraria. En aquel 1981 sufrimos una tasa negativa de la producción final agraria de hasta el 43% en cereales, del 29% en leguminosas, del 35% en aceite, un 20% de caída en la producción de vino, y del 8% en cítricos. Sin duda un panorama de adversidades difícil de igualar y que superamos con sacrificio y esfuerzo.
Aquella crisis dejó una profunda cicatriz en el campo, cuyo sacrificio no fue reconocido entonces, ni ahora y que sin embargo sufrió como pocos sectores su integración en Europa siendo moneda de cambio. Desde hace 30 años el campo sigue demandando el necesario apoyo que garantice su viabilidad futura como están haciendo otros países como Francia.
Otros indicadores de la economía española de 1981 ofrecían un preocupante encefalograma plano dado el escaso ritmo de actividad económica en el primer semestre en el que el consumo de energía eléctrica apenas creció un 0,8%, cifra notablemente inferior al incremento medio de 1980 del 3,3 %; la matriculación de automóviles sufrió una disminución del 10% y del20% en camiones. Las encuestas de coyuntura industrial seguían arrojando niveles negativos en la cartera de pedidos, y el nivel de producción del total de la industria, y niveles de contratación eran cada vez más bajos en el sector de la construcción.
Ello condujo a tasas de desempleo del 14% en junio, con casi dos millones de parados en un país que tenia aun pendiente la revolución laboral en la incorporación plena de la mujer, mientras que el déficit de la balanza por cuenta corriente se situaba muy por encima de las previsiones oficiales, siendo de casi 600.000 millones de pesetas y la tasa de inflación anual medida era del 15 %. Con los tipos de interés al alza el precio del dinero interbancario alcanzaba un tipo medio diario del 19 % lo que sin duda pondría los pelos de punta a cualquiera hoy en día. El incremento de los costes financieros de la empresa española ponía más trabas para salir de una crisis que demandaba sacrificios dado el endurecimiento de los mercados financieros.
Aquel año de dificultades fue la antesala de un largo periodo de reformas impulsadas por el gobierno presidido por Felipe González para hacer frente a una economía estaba en una situación desesperada. La inflación se situaba en una tasa anual del 16 por ciento, el gasto público se había ido de las manos y las reservas de divisas se habían agotado. González optó entonces por políticas pragmáticas junto con una serie de medidas de reducción de personal vigoroso que le costó dos huelgas generales pero que a la postre enderezó el rumbo de la economía española. El cierre de grandes empresas estatales no rentables ayudó a corregir los desequilibrios y se lanzó un programa de reconversión industrial con no pocos sacrificios. La reformas emprendidas permitieron que el sistema de la seguridad social lograra un mejor equilibrio en sus cuentas y se introdujo una política energética de uso más eficiente mientras la economía enderezaba un crecimiento sostenido que generó empleo y el periodo de mayor incremento de la renta de los españoles y convergencia con Europa.
Los esfuerzos para modernizar y expandir la economía dieron sus frutos y la integración en la CE culmino un proceso de sacrificios en la modernización y convergencia de España en Europa. Hoy el reto es situar a la economía española en condiciones de competitividad respeto al mundo en una economía globalizada, con nuevos retos en la modernización de la agricultura y del sistema productivo, en una mayor independencia energética y uso de nuevas energias, en la racionalizacion del gasto corriente y en organismos públicos y en el aprovechamiento de las capacidades de nuestros jóvenes en la creación de empleo. Sin duda que lo conseguiremos si somos capaces de creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad de esfuerzo.
Hace 30 años lo logramos y hoy la exigencia es que debemos hacerlo con la misma o mayor determinación que entonces para afrontar los nuevos retos de futuro desde una mayor solidaridad, unidad y esfuerzo de todos.

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