lunes, 17 de enero de 2011

En la encrucijada

Gonzalo Gayo
Se acabaron los tiempos de descuento y las prorrogas, el mirar a otro lado o los anuncios desde sede parlamentaria de lo que se hará, cueste lo que cueste, cuando ya debería estar resuelto el debate y en fase de ejecución una exhaustiva hoja de ruta sobre los distintos planes de actuación en empleo, energía, racionalización de las administraciones, potenciación del sistema productivo y agricultura, formación y estado del bienestar.
La crisis amenaza con la exclusión social de millones de ciudadanos. No hay más tiempo para palabras cuando urge enderezar el rumbo de la economía española con el objetivo primordial de crear empleo y riqueza así como reducir a la mínima expresión los aparatos burocráticos de administraciones ineficientes a la hora de dar respuesta a las demandas de los ciudadanos en empleo, en mejora de servicios públicos como la sanidad o la educación.
No es que los mercados anden revueltos, que lo están, sino que la incertidumbre se apodera de nuestro presente y futuro mientras algunos creen que de esta crisis saldremos cuando soplen vientos favorables más allá de los Pirineos y con algunas pinceladas de reformas o contrarreformas. Los hay incluso que piensan que la crisis remitirá con adelantos electorales cuando no hay una sola propuesta sobre la mesa.
La economía española ha vivido por encima de sus posibilidades a costa de hipotecar sus futuros ingresos a golpe de déficit tras déficit. Lo hicieron casi todos los países desarrollados y por desarrollar, y nosotros también. Lo mismo ha ocurrido con las familias que alegremente hipotecaron sus vidas en viviendas que no podrán pagar, o los bancos y cajas que echaron más gasolina al fuego de un sector inmobiliario que construía viviendas para especular con precios inconcebibles y que ahora tiñen de rojos sus balances y cuentas de resultados.
No menos preocupante es como ha crecido el aparato de una administración que consume ingentes cantidades de recursos públicos para mantener situaciones de privilegios e ineficacia, obstaculizando aun más la salida de la crisis y restando recursos a servicios públicos de calidad que pagan y demanda los ciudadanos.
Hemos pagado con el sudor y lagrimas de 4,3 millones de parados tanto despropósito y aun seguimos sin querer entender que es urgente actuar y corregir errores más allá de lo que dictan los mercados y que permitan a la economía española salir de esta encrucijada para generar empleo y suprimir privilegios en una administración creada al servicio de sus propios intereses. Y es que a estas alturas, sorprende e indigna que representantes democráticos de los ciudadanos disfruten de privilegios en sus pensiones tratando de eludir el precepto constitucional igualdad ante la Ley y si esta dice que hay que trabajar hasta los 67 años, los políticos deberán ser los primeros en dar ejemplo.
No es admisible, algún día deberá pronunciarse el T Constitucional, que un diputado, ministro o expresidente goce de una pensión vitalicia con siete años cotizados, ni es de recibo que las indemnizaciones que senadores y altos cargos en las administraciones se autoadjudican a costa del bolsillo de los ciudadanos, que dicen representar, cuando deberían ser de 20 días por año trabajado como dice la reforma laboral…
El aparato administrativo debe ser ejemplar en comportamientos y transparente. Además, habría que reducirlo a su mínima expresión tras suprimir cualquier privilegio o agravio comparativo respecto al resto de ciudadanos. El Estado de las autonomías ha protagonizado el mayor desarrollo del progreso en los últimos 30 años desde la cercanía a los ciudadanos pero debe primar su austeridad y potenciar alianzas estratégicas con otras regiones para crear empleo.
Urge la reforma de la administración y también un plan energético a 40 años que garantice el suministro de electricidad en condiciones de competitividad para las empresas sino queremos ver hipotecados el empleo y las pensiones de futuro. Descartar la energía nuclear sin antes tener sobre la mesa un autentico plan que garantice en precio y cantidad la energía necesaria es simplemente un suicidio económico que pagaran generaciones futuras. Es posible un mayor aprovechamiento de las energías renovables y especialmente de la solar y eolica, pero el reto es demostrar con una hoja de ruta que será capaz de garantizar las necesidades futuras.
Sorprende también que en el país con mayor paro de la OCDE no haya un plan de empleo, ni un gran pacto entre sindicatos, empresarios y gobierno para frenar la destrucción de puestos de trabajo e incentivar sectores de futuro o la reconversión que no se hizo en el sector de la construcción.
Cuantos empleos se habrían salvado si la construcción hubiera apostado con apoyo publico hacia la eficiencia energética en el parque de viviendas o la construcción de centrales de energías renovables? O cuantos despidos se habrían evitado si se hubieran incentivado las rotaciones de plantillas y el reparto del trabajo como hizo Alemania con el apoyo del servicio publico de empleo?.
Llegamos tarde y en demasiadas ocasiones porque aquí cada uno va a lo suyo incluido unos sindicatos que dan la espalda a los parados, unos empresarios que no ven más allá de las rebajas de cotizaciones y un gobierno y oposición enfrascados en debates huecos y que no conducen a nada.
Y mientras tanto siguen sin acometerse las reformas necesarias, aquellas que no dictan los mercados como la del INEM. Un plan que fomente el autoempleo con una profunda reforma del inoperante INEM-SERVEF para que desde este organismo se apoyen la financiación, la gestión y formación dirigidas al empleo a través de figuras societarias en la economía social o autoempleo en sectores emergentes.
La economía española precisa también de un gran pacto para potenciar al máximo la exportación de bienes y servicios, especialmente hacia el sudeste asiático, así como la energía renovable, la agricultura sostenible, el turismo ecológico y el reciclaje de todo tipo de materiales. Sectores que albergan la capacidad de generar más de un millón de empleos que tanta falta hace en un país que se encuentra en la encrucijada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente artículo Gonzalo. Pones el dedo en la llaga y con gran sentido (auto) crítica. Enhorabuena ¡¡¡ Fdo: Juan Sáiz.