martes, 3 de agosto de 2010

QUIJOTES DEL SIGLO XXI

Siempre quise ser agricultor, pero nunca supe como llegar a vivir de ello. Al final me dedique a esto de juntar letras y palabras pero procurando siempre respirar y sentir de cerca los secretos de la tierra. En los años que llevo en este oficio no he conocido mejor gente que la que vive de su esfuerzo en una perfecta comunión con la naturaleza. Aquí no caben los egoísmos, ni las especulaciones, eso es cosa de otros. Aquí la tierra te devuelve lo que estés dispuesto a dar. Es un pacto no escrito, de respeto y entrega.
Los agricultores se han convertido en quijotes del siglo XXI, en caballeros andantes que ofrecen su esfuerzo para darnos una alimentación saludable y un sin fin de productos para que nuestros hijos crezcan sanos, y todo a cambio de casi nada.
En los últimos 20 años los españoles hemos logrado las más importantes metas de nuestra historia. Tenemos las generaciones de jóvenes mejor preparada y con una de las mayores tasas de universitarios en Europa. Hemos conseguido con esfuerzos la convergencia con la renta media europea y hasta podemos vanagloriarnos de ser la octava potencia del mundo a golpe de PIB y por que no, también somos campeones del mundo pegando patadas a un balón… Pero en la cuneta del olvido hemos dejado a nuestros agricultores que peinan canas y a los que ni siquiera sus hijos están dispuestos a seguir en este camino de esfuerzos que lleva a ninguna parte.
El otro día publicábamos como la renta de los agricultores había caído una cuarta parte en los últimos años y que el poder adquisitivo era hasta un 17% menor que en 1990. Las frías estadísticas reflejaban tambien la diáspora de 140.000 agricultores que abandonaban el campo en estos 20 años de ‘progreso’ para poder vivir y sacar adelante a sus familias.
Muchos pensarán que no cabe más que la resignación, que habrá que pensar en seguir plantando pilares de cemento para prosperar o incluso reducir a los pocos agricultores que van quedando a golpe de PAC o promesas que se las lleva el viento. Pero se equivocan de la misma manera que llevan equivocándose en los últimos veinte años.
Sobre la agricultura se asienta la historia de las grandes naciones y también será la que garantice su supervivencia en un futuro que se conjuga con la sostenibilidad.
La agricultura será una fuente de generación de empleo, de recuperación de habitas rurales abandonados, de nuevos productos medicinales y ecológicos, de fuente de ingresos en su exportación así como un factor decisivo en la mejora del medio ambiente y el estado de bienestar.
Necesitamos redescubrir el enorme potencial de la agricultura ante un crecimiento de más del 40% de la demanda de productos en el mundo en los próximos años. Necesitamos con urgencia apoyar a un sector que se encuentra maniatado por las grandes superficies y su política de precios. Es preciso que desde Bruselas se elaboren políticas agrícolas por gente del campo y no por quienes tratan de justificar lo mucho que brillan su master y títulos colgados de una pared.
Es preciso que desde los gobiernos y las regiones europeas se apoye a los agricultores, al esfuerzo de personas que atesoran el conocimiento y el saber hacer para que no se rompa ese pacto suscrito con la naturaleza durante siglos, de generación en generación.
No me iré por las ramas, ni por la poesía de juntar letras y palabras. La gente del campo exige que se cumpla la palabra dada. Que se garantice una renta mínima, que se vigilen los precios y calidad de los productos en los mercados, que se dignifiquen las pensiones, actualmente de miseria. Piden que se estimulen con ayudas reales a los jóvenes emprendedores y a los que peinan canas. Piden en silencio el merecido reconocimiento a su labor, y especialmente a las mujeres rurales, a las que el estado del bienestar les sigue dando la espalda.
Los agricultores piden trasvases de agua para regar, no para especular, y apoyo a la modernización de instalaciones y maquinaria. Exigen seguridad y quien robe que pague porque están hartos de que entren en sus casas, en sus casetas de motor y en su lugar de trabajo sin poder hacer nada.
Los agricultores no quieren más palabras que se las lleva el viento, ni que se echen balones fuera. Exigen compromisos con hechos, justicia y apoyo porque la sociedad los necesita, y ahora mas que nunca si es que aspiramos a una economía sostenible y justa.
Como decía al principio siempre quise ser agricultor y quizás algún día lo sea si es que los Quijotes del siglo XXI logran vencer a tantos molinos de viento para que simplemente les dejen vivir de su esfuerzo como hombres y mujeres del campo.
Gonzalo Gayo

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