lunes, 1 de febrero de 2010

Ejemplaridad y sostenibilidad para salir de la crisis

El gobierno parece decidido a abordar los grandes debates que preocupan a una sociedad demasiado acostumbrada a mirar a otra parte y confiar en un futuro a veces demasiado incierto. ¿Serán sostenibles los actuales criterios para las pensiones del 2030 con las tasas de natalidad más bajas del mundo? ¿Es sensato producir energía nuclear y no saber que hacer con los residuos generados durante casi 50 años? ¿Podemos afrontar el desarrollo de una agricultura que no es capaz de garantizar la rentabilidad a los productores mientras quienes distribuyen los frutos del esfuerzo ajeno se llenan los bolsillos? ¿Es viable un sistema educativo que genera un 30% de fracaso escolar? ¿Es razonable abaratar los despidos en un país con casi un 20% de desempleados? ¿Es compatible que los mercados financieros generen un 30% de plusvalías bursátiles en 2009 cuando se han destruido un millón de empleos el pasado año?
El estallido de la burbuja inmobiliaria parece habernos devuelto a la cruda realidad para tratar de abordar los problemas que sufrimos en un presente preocupante y un futuro demasiado incierto al que debemos dar respuestas y sin duda las encontraremos. Es lo que tienen las crisis, todas las crisis habidas y por haber, corregir errores y asumir nuevos retos.
Nuestros errores hablan de confiar nuestro progreso a una energía limitada y contaminante que amenaza la competitividad de nuestras empresas y el cambio climático. Nuestros errores hablan también del esfuerzo de nuestros agricultores para ver como cada año llega la ruina de precios en sus cosechas. Errores que hemos cometido cuando bautizamos una globalización sin reglas para mayor gloria de la especulación en materias primas y en energía que ha hecho más pobre a quien menos tenía.
Debemos buscar respuestas en la ejemplaridad a aplicar en los retos de futuro. Retos que hablan de la necesaria independencia energética, del reparto del agua en el territorio y mejora del medio ambiente. Retos que garanticen un sistema que premie a quien produce frente a quien especula o del liderazgo de la mujer que debe ejercer en la sociedad del siglo XXI.
La ejemplaridad debe presidir un nuevo tiempo que evite las distorsiones de los sistemas duales que hemos generado en las últimas décadas donde unos gozan de privilegios y otros asumen las cargas.
En el polémico debate de estos días sobre la reforma del sistema de pensiones deberia figurar en letras mayúsculas la supresión de privilegios de unos frente al resto. No son de recibo pues las pensiones vitalicias y beneficios que altos cargos del Estado o de Comunidades Autónomas se han auto adjudicado por concurso de un consenso fácil a espaldas de los ciudadanos. Quienes acceden al servicio y/o representación pública no pueden ni deben gozar de mayores derechos que los ciudadanos representados.
Desde luego que no bastará con la ejemplaridad publica pero sin duda es condición necesaria, aunque no suficiente. El sistema de pensiones volverá a la excelencia en la medida que seamos capaces de generar mayor empleo de calidad, e incrementar la tasa de natalidad al doble de la actual. Para ello es necesario romper el círculo vicioso de la vivienda, favorecer las vocaciones empresariales de la generación mejor preparada de nuestra historia y apoyar a quienes deciden compartir su vida y esfuerzo en crear una familia.
Podemos por el contrario resignarnos a que nada puede cambiar y seguir en la senda de hipotecar nuestras vidas para pagar ladrillos, aspirar a un puesto de trabajo en la administración o negarnos a compartir nuestro proyecto vital por egoísmos para al final aspirar a jubilarnos a los 80 años.
Puede parecer que las soluciones llegarán del gobierno de turno, pero no es así. A nuestros representantes debemos exigirles ejemplaridad y que creen las condiciones necesarias para que la vivienda deje de ser un bien para la especulación y sea un derecho como recoge nuestra Carta Magna. ¿Cómo? Facilitando el suelo para construir pisos que puedan ser pagados reduciendo el 40% de la repercusión del suelo. Es necesario liberar a una generación de jóvenes de la losa que pesa sobre sus economías mileuristas y tambien apoyar sin reservas a quienes decidan generar su empleo y el de otros.
En la agricultura tenemos un buen ejemplo de las enormes posibilidades de generar riqueza, empleo y desarrollo en las zonas rurales si se crean las condiciones necesarias que garanticen a los productores la rentabilidad a su esfuerzo. El desarrollo de una agricultura ecológica, de una alimentación artesanal, de la implementación de nuevas energías, de un turismo que potencie los valores medioambientales y sostenibles, de las enormes potencialidades de la acuicultura o la revolución pendiente que conduzca a la menor dependencia energética son sin duda retos de presente y futuro que requieren del esfuerzo de todos.
Para salir de esta crisis debemos hacer un profundo examen de los errores cometidos y son muchos en una economía que premiaba la especulación a costa de un desarrollo que muestra su insostenibilidad y que aun hoy lucha por perpetuarse desde los acomodados despachos en Wall Street pasando por la ley del embudo a que se somete a los hombres y mujeres del campo. Pero no le quepa duda de que saldremos de esta crisis y lo haremos fortalecidos en la medida que seamos capaces de consesuar con esfuerzo nuestro destino.
Gonzalo Gayo

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