domingo, 6 de septiembre de 2009

Un nuevo curso para salir de la crisis


Dicen que lo peor de la crisis ha pasado e incluso se celebra que los índices bursátiles se sitúan a niveles anteriores a octubre de 2008 cuando se desató el tsunami financiero que arrasó con millones de empleos perdidos hasta la fecha. Celebran los gurús de la economía que el BCE ha dado su brazo a torcer y hasta la inflación contribuye a no abultar aun mas las deficitarias cuentas del Estado.
Hay quien afirma que lo peor ha pasado cuando esta por llegar las soluciones a los millones de empleos perdidos en el mundo y la mayor hambruna en décadas que sufre un tercer mundo condenado a sufrir todas las injusticias y egoísmos de los países más ricos. Hablan quienes llevan las riendas del FMI o del Banco Mundial que se apunta una recuperación aunque la factura ha sido pagada con un sin fin de injusticias que sufren quienes menos tienen.
No menos sorprendente es escuchar la voz de alarma de quienes culpan al Gobierno de que tenga que hacer frente a la exclusión social provocada por este tsunami con una aportación para ampliar el subsidio de quienes nada tienen cuando ni tan siquiera esa cantidad llegaría a la categoría de migajas frente a las ayudas recibidas por las corporaciones y entidades financieras en España y el resto de países desarrollados para hacer frente a la crisis.
Ahora tocar pagar la verdadera factura de una crisis que explotó por la avaricia de unos pocos que especularon con la vivienda, el suelo, los alimentos, la energía y el empleo de millones de trabajadores. Pero mucho me temo que tanta codicia de unos pocos la pagaran los de siempre sino se actúa de una manera concertada desde todas las administraciones y agentes sociales, en España y en el mundo.
Muchos se preguntan cómo países como Alemania no ha destruido apenas empleo y ahora encabeza la incipiente recuperación de la economía europea. Me gustaría que ustedes escucharan o leyeran a los dirigentes empresariales alemanes a lo largo de estos últimos meses y entenderán la gran diferencia entre España y el resto de grandes países europeos. En Alemania el capital humano es lo más preciado en una empresa y su compromiso social forma parte de una cultura que compagina desarrollo económico y social. Mientras, por estas tierras aun tratamos de frenar la hemorragia abriendo aun más la herida tratando de abaratar despidos, precarizar más el empleo y descapitalizando del saber hacer a las empresas a golpe de ERE. Las grandes cúpulas empresariales españolas siguen demostrando su anclaje en un pasado y han demostrado con creces que son tanto o más responsables de la crisis por su incapacidad de liderar una salida desde el esfuerzo y la solidaridad como han hecho sus colegas alemanes, franceses, belgas o británicos.
Los silencios de la patronal y la falta de una profunda autocrítica siguen poniendo a los trabajadores en España en el liderazgo de la precariedad y el desempleo y como siempre la culpa será del gobierno de turno si este no es de su agrado.
La agricultura no es ajena a una crisis cortada por el mismo patrón de una especulación que ha asfixiado al campo. Con los precios de los productos de hace casi 20 años se ha tenido que hacer frente a unos costes infernales que han empobrecido aun más las rentas agrarias y que apenas alcanzan el 60% de la renta media del resto de ciudadanos.
Los hombres y mujeres del campo han tenido que hacer frente a todas las injusticias desde quienes acuerdan unos precios que no cubren ni los costes de las cosechas pasando por unas importaciones masivas de productos para hundir precios que permita una inflación que no agravará aun más una economía y permita recortar los tipos de interés. Y mientras, los burócratas de Europa se lavan las manos con una PAC que trata de beneficiar a los pocos de siempre mientras hunde en la miseria al pequeño y mediano productor, especialmente en la cuenca mediterránea. Una reforma de la PAC con la que se quiere pagar una ampliación de la UE ‘a la alemana’.
Mucho va a tener que trabajar la presidencia española de la UE en el primer semestre de la UE si se quiere cambiar el rumbo de una agricultura condenada a desaparecer sino se actúa con urgencia y para ello es preciso que las organizaciones agrarias se batan en todas las mesas de negociación para que la agricultura ocupe el lugar que le corresponde como sector productivo estratégico en la economía, desarrollo sostenible y la salud de una población frente a una globalización mal entendida en la que parece que todo vale.
Comienza un nuevo curso en el que debemos ser conscientes de que de esta crisis debemos salir desde el esfuerzo de todos para fortalecernos como país y una sociedad más justa y prospera. Una salida que debe ser para todos y especialmente para quienes más la han sufrido sin beberlo ni quererlo y especialmente en una agricultura que sin duda será uno de los valores de las sociedades más prosperas en el futuro ante la creciente demanda de productos de calidad y en fresco. La agricultura y ganadería ecológica, las energías renovables, la acuicultura, la responsabilidad social de los empresarios, la unidad de las administraciones serán sin duda protagonistas de un nuevo tiempo en el que también la solidaridad en el progreso de todos pongan fin a una crisis que no se mide con índices bursátiles y si en la justicia hacia las personas. En la medida que hagamos justicia al esfuerzo hacia nuestros agricultores, a quienes de sol a sol cuidan del ganado, tratando de arrimar el hombro con quienes han perdido un empleo habremos aprendido la lección de una crisis que trato de eliminar los valores de una sociedad a cambio de treinta monedas ganadas a golpe de especulación y que van a parar al bolsillo de unos pocos.
Gonzalo Gayo

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