lunes, 23 de marzo de 2009

UN NUEVO IMPULSO PARA LA RECUPERACIÓN


España debe dar un paso más para empezar a asentar los sólidos cimientos de una recuperación económica. La hemorragia en la destrucción de empleo requerirá no solo grandes esfuerzos de solidaridad sino también un nuevo impulso al desarrollo de nuevos sectores productivos y que también que permita estimular el crecimiento de las empresas que soportan el envite de esta crisis financiera. Al gobierno se le reclama que abra una segunda fase en el intenso ritmo de medidas que viene aplicando. Tras asentar medidas de apoyo a los sectores en crisis, y fortalecido los sistema de cobertura a desempleados es hora de afrontar las condiciones suficientes y necesarias para estimular la creación de empleo y recuperar la confianza empresarial.
Reconvertir el desempleo en una fuerza productiva es el objetivo y para ello es imprescindible medidas que aligeren de carga impositiva y burocrática que conlleva crear una empresa. Abrir un periodo que permita echar a rodar nuevas iniciativas emprendedoras así como premiar fiscalmente a aquellas empresas dispuestas a mantener y crear empleo debe figurar en la agenda de nuevas medidas de estímulo a la economía y el empleo.
España debe poner en marcha un nuevo plan de estímulo fiscal para el 2010, pese a su elevado déficit, porque su economía seguirá débil, según apuntan los organismos internacionales. Esta sugerencia coincide con la decisión de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea de no contemplar más planes de estímulo por el momento, lo que sin duda constituye un error al igual que el intento de aparcar de la cumbre del G 20 en Londres el problema del paro.
Generar confianza es la palabra clave si bien aun estamos inmersos en el análisis de la profundidad del agujero que la especulación ha dejado en los balances de las principales entidades financieras y la nueva la valoración real de activos que debería realizarse y parecen omitir. De hecho, la recesión mundial se ha agravado por la interacción explosiva entre un sector financiero envuelto en la incertidumbre y una economía real que pierde confianza.
Para este año, el FMI prevé que el Producto Interno Bruto (PIB) mundial entre en números rojos por primera vez en 60 años, con una reducción de entre el 0,5 y el 1%. Ante este panorama sombrío la Unión Europea (UE) ha elaborado una hoja de hoja de ruta basada en 20 puntos para la reunión del grupo de los principales países industrializados y emergentes del G-20 que tendrá lugar el próximo 2 de abril en Londres. Una hoja de ruta que vuelve a pecar de la escasa concreción que exigen empresarios y trabajadores para crear empleo y riqueza. De hecho, la palabra agricultura o empleo ni tan siquiera figuran en el esbozo de medidas en tanto se busca con ahínco partidas que favorezcan a las grandes corporaciones financieras, energéticas y en telecomunicaciones. De hecho, se sigue buscando fórmulas mágicas, a golpe de talonario, que en realidad van destinadas a ir apagando incendios incontrolados en esta crisis y empobreciendo a países enteros.
Mientras tanto, Bruselas habla de aportar unos 75.000 millones de euros (102.000 millones de dólares) para duplicar las reservas de capital del FMI y sin embargo poco o nada reflexiona sobre la urgente modificación de este organismo cuyo funcionamiento deja mucho que desear y ha sido origen de profundas crisis financieras en algunos estados, especialmente en Iberoamérica.
La UE pondrá sobre la mesa del G 20 en Londres proyectos para ampliar las conexiones de Internet en las zonas rurales, las redes europeas de gas y electricidad, así como las infraestructuras de fuentes de energía alternativas empezarán en 2009 o 2010 con apenas 5.000 millones de euros cuando precisamente nuestra independencia energética será la clave de la salida de esta recesión mundial y un sector generador intenso de empleo, al igual que en infraestructuras o la agricultura ecológica, acuicultura, alimentación, servicios sociales y para la tercera edad, medio ambiente…
Bruselas anuncia que seguirá atenta a los estados en apuros económicos que podrán recibir créditos de un fondo de emergencia de 50.000 millones de euros, diez veces mas que los destinados a estimular y asentar la economía. De hecho, para afrontar la crisis los burócratas europeos prefieren ponerse el traje de bombero a vestir el de torero y plantar cara a la crisis.
Hasta el punto que Bruselas ni siquiera ha aprobado nuevas iniciativas de cara a la conferencia sobre el cambio climático del próximo diciembre en Copenhague y se mantiene a la espera de iniciativas y negociaciones dando a entender la cortedad de miras de la maquinaria burocrática europea frente al ímpetu desplegado por la administración de Obama en EEUU en apenas dos meses desde su toma de posesión.
Alemania y los grandes del club del euro están más por la labor de seguir a pies juntillas las indicaciones de las grandes corporaciones inyectando ingentes cantidades de dinero público en entidades financieras así como favorecer el mercado de las telecomunicaciones con una regulación menos estricta.
Sin embargo para combatir la crisis económica son necesarios adoptar nuevos planes de estímulo económico que favorezcan la independencia energética, mejora en infraestructuras y logística, acuicultura o la mejora de las condiciones para afrontar una economía global que urge fusiones en el sistema financiero y transformaciones de modelos en el sector de un automóvil que debe apostar por el hidrógeno frente a la caduca era del los carbonos.
El puñetazo en la mesa de Obama ha retumbado en todo el planeta y debería ser tomado como ejemplo, en la apuesta por las nuevas energías y el sistema financiero. Muchos de los responsables de entidades financieras que deberían estar entre rejas por su temeridad al arruinar a países enteros, sin embargo se dedican a cobrar primas, premios y sobresueldos por sus servicios cuando dichas empresas han tenido que ser salvadas de la quiebra con dinero público. El caso de AIG en EEUU con el mayor agujero financiero del mundo ha puesto de manifiesto la podredumbre de un sistema capaz de premiar a los directivos que llevaron a la empresa al borde del precipicio mientras se embolsaban en concepto de primas 218 millones de dólares.
Al menos el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, parece dispuesto a establecer límites para los salarios de los altos directivos de empresas privadas y esperemos también que en las publicas ya que hasta la fecha se echa en falta un plan de austeridad que llegue a la nómina de altos cargos de instituciones publicas, aunque solo sea como ejemplo.
Mientras tanto, los pronósticos siguen augurando borrascas con una contracción de la economía del 3,2% este año, muy superior al 2% que anunció apenas hace dos meses lo que da idea de la desorientación de los gurús mientras apunta para 2010 un crecimiento del 0,1%, inferior al 0,2% vaticinado entonces. Tampoco Estados Unidos se salva de la quema. Según este organismo, su economía sufrirá un crecimiento negativo del 2,6% en 2009 y Japón, antaño una de las economías más pujantes del planeta, afronta el panorama más sombrío con una contracción para este año del 5,8%. Así pues, o empezamos a poner los cimientos de la recuperación real con una sustancial mejora fiscal o seguiremos tirando el dinero y esfuerzos en la fosa de una recesión ganada a pulso por el sistema financiero y que ahora pretenden que paguemos todos, incluido un sector como la agricultura que sigue marcando la tónica del olvido y el silencio de la Unión Europea, también en la cumbre del G 20.
Gonzalo Gayo

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